Cosas de reyes

Supe hace algunos años que Juan Carlos I solicitara a uno de sus secretarios que se informase sobre el papel higiénico que utilizaban en la embajada española en Luxemburgo. El monarca se había quedado seducido por la textura de aquel artículo que le sirviera para limpiar su aristocrático trasero. Y es que los reyes, igual que los papas, terminan sucumbiendo, con el resto de humanos, en las inmundicias de nuestra humilde condición.

El ahora rey emérito no perdía ocasión de hacer valer su privilegiada situación. Lo aprendió en la cuna y lo aplicará hasta la tumba. En nuestra reciente visita al Monasterio de El Escorial, descubrimos que Juan Carlos había dispuesto, previa aceptación por parte del gobierno español, que sus padres, Juan y Mercedes, ocupasen los últimos sepulcros del Panteón de los Reyes. ¿Que nunca ejercieron de tales? Tampoco importa demasiado, la historia de la monarquía española es pródiga en detalles caprichosos y de similar naturaleza. Por cierto, el cuerpo de Juan de Borbón se encuentra en estos momentos depositado en el llamado “pudridero”, destino provisional de reyes e infantes antes de que sus huesos ya pelados pasen a ocupar su definitiva morada.

Diríase, sin querer despreciar otras versiones históricas, que Carlos I de España y V de Alemania se constituye en el primer rey de España reconocido como tal. Inauguró una especie de “monarquía federal” que concedía diversa autonomía a la Corona de Aragón y al Reino de Navarra. Nieto de los Reyes Católicos, se casó con otra nieta de Isabel y Fernando, su prima Isabel de Portugal, con quien tuvo seis hijos. El hombre, demostrando su carácter de emperador, engendró al menos otros cinco vástagos fuera del matrimonio; el último, Juan de Austria, afamado conquistador en ambos sentidos de la palabra.

¿Qué destacar de Felipe II? Cuatro esposas (tres de ellas primas) tuvo este dechado de virtudes, algunas de las cuales se transforman en vicios odiosos en función del historiador que se consulte. Aquí va un detalle artístico: rechazó a El Greco por no seguir al pie de la letra sus instrucciones y abrazó a El Bosco por demostrar como nadie las fatídicas consecuencias del pecado. Eran los tiempos del Renacimiento (1527-1598) pero nuestro vanagloriado rey seguía pensando en las obras de arte como recursos para provocar el rezo del pueblo. Ya se sabe que en los territorios de Felipe II “no se ponía el sol”: en Europa, Cerdeña, Sicilia, Nápoles, Milán, Países Bajos… en Asia, Filipinas y parte de Nueva Guinea… en América, Florida, todo Centroamérica y buena parte de Sudamérica.

Felipe II concentraba todo el poder en su persona y nada de relevancia se podía decidir a sus espaldas. Su descendiente, Felipe III, adoptó un estilo opuesto al de su padre. Fue aficionado a la pintura, el teatro, a la caza y al juego. Dado que estos quehaceres no le permitían dedicar el tiempo necesario a la tarea de gobernar, delegó sus competencias en el duque de Lerma, inaugurando así la época de los validos en España. Se casó con su prima segunda Margarita de Austria y, a pesar de contentarse con un solo matrimonio, cumplió con la media de los Austrias: ocho hijos.

Felipe IV gobernó 44 años y aunque empezó bien de la mano del Conde Duque de Olivares, progresó regulín regular, y terminó como el rosario de la aurora por la sucesión de conflictos bélicos en los que se vio inmerso, tanto externos como internos. En el plano personal, dos matrimonios, el segundo con su sobrina Mariana de Austria, y 12 hijos legítimos, además de 30 hijos extramatrimoniales que se le atribuyen a este prolífico monarca. Quizás lo peor de su movida trayectoria haya sido dejar en el trono a un heredero como Carlos II.

Carlos II fue el resultado esperable de la sucesión de matrimonios interfamiliares que acontecieron entre los Austrias. La endogamia es lo que tiene. Le llamaban “el Hechizado” al atribuir a la brujería su penoso aspecto físico. En contra de la leyenda (o de la Historia), repasando su curriculum, no debió de ser un mal rey. El problema: a pesar de casarse dos veces, no tuvo descendencia. Su primera esposa falleció por causas desconocidas; las malas lenguas apuntaron que la principal pudo haber sido no producir el heredero que la Corona precisaba. El caso es que la segunda tampoco lo consiguió y de esta forma la dinastía de los Austrias quedó finiquitada en España.

El trono vacante se jugó en un tablero de ajedrez con múltiples peones, alfiles, torres, caballos, reyes y reinas. El resultado de tan enmarañada partida fue la llegada a España de Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, para convertirse en Felipe V.  La actitud imperialista del Rey Sol, que trataba a su nieto como un mero delegado regio, y la práctica incautación del otrora comercio entre España y las Américas, provocó la reacción de las potencias europeas perjudicadas que crean la llamada Gran Alianza antiborbónica. El conflicto, es decir, la Guerra de Sucesión, se extiende al interior de España, entre el Reino de Aragón partidario del archiduque Carlos de Austria (quien les ha prometido mantener el carácter más o menos federal de la monarquía) y el Reino de Castilla, que apoya al centralista y jacobino Felipe V, de quien se espera un modelo “a la francesa”. Pues bien, ganan los partidarios del Borbón, se impone el llamado Decreto de Nueva Planta que liquida la Corona de Aragón (incluyendo el Principado de Cataluña) y extiende las leyes castellanas a todo el territorio español con excepción del País Vasco y Navarra que, fieles a la causa borbónica, mantienen parte de sus derechos. En el fregado, España pierde los territorios que dominaba por Europa adelante (y cede a Inglaterra Menorca y Gibraltar!)

Felipe V reinó entre 1700 y 1746 con un breve lapso en 1724. Le aflige una pertinaz depresión que le intentan curar a través del canto del castrato Farinelli (la ópera como antidepresivo). Se casa con su prima María Luisa Gabriela de Saboya con quien tiene cuatro hijos. A la muerte de ésta, contrae matrimonio con la italiana Isabel de Farnesio, que será crucial en su reinado. Por motivo de la depresión, Felipe V abdica en su hijo de 17 años Luis I, hijo de María Luisa y casado con la joven de 15 años Luisa Isabel (se habían casado con 15 y 12 años respectivamente). Los 8 meses del reinado de Luis son una calamidad, en parte debido al desorden emocional de su esposa cuyo comportamiento raya en lo tragicómico. Muere Luis de viruela y Felipe V recupera el trono a pesar del sospechoso estado de su mente. Quien reinó durante los siguientes 22 años fue, en realidad, su esposa Isabel.

El tormentoso estreno de la dinastía borbónica presenta una continuidad algo más sosegada con Fernando VI y Carlos III. Carlos IV y su hijo Fernando VII vuelven a protagonizar sendos reinados turbulentos y más bien lamentables. Estalla la Revolución francesa, Napoléon arrasa en Europa y en España, este par de Borbones van improvisando en función de las circunstancias. Al final de su caótico reinado, Fernando VII, sin hijos varones, deroga la llamada Ley Sálica para que su hija Isabel pueda ascender al trono. El hermano de Fernando, Carlos, se siente legitimado por la tradición y se levanta en armas. Es la primera guerra carlista, entre los partidarios de Isabel (en regencia de su madre Cristina) y los seguidores de Carlos.

Isabel II no debió de ser muy dichosa. Recluida en los distintos palacios reales desde niña, se casó el día que cumplía 16 años tras un casting complicado de candidatos propuestos por los diferentes grupos de interés. Fue elegido un primo suyo por partida doble, Francisco de Asís de Borbón, duque de Cádiz, personaje sobre todo pusilánime carente de talento y ambición; al parecer, también homosexual, a pesar de lo cual engendraron 12 hijos. El reinado de Isabel, entre 1833 y 1868, puede calificarse de extremadamente negativo. En 34 años, tienen lugar 22 elecciones generales y la corrupción campa en un nivel que recuerda bastante al actual.

El reinado de Isabel II termina por la Revolución de 1868, denominada La Gloriosa, que da inicio al Sexenio Democrático: durante tres años, gobierna un ejecutivo provisional formado por los partidos que depusieron a Isabel, y durante los otros tres años, reina Amadeo I de Saboya, italiano, masón y primer soberano elegido en España por un Parlamento. Vistos los enemigos que le acechan, Amadeo dura bastante, tres años en concreto. A seguir, la Primera República Española (formalmente, República Democrática Federal) dura aún menos, dos años. Tras múltiples dimes y diretes, la clase política auspicia el regreso a España de Alfonso XII, hijo de Isabel II (no se puede afirmar que de Francisco de Asís también), con lo cual se restaura la monarquía borbónica, que habrá de ser liberal y sometida a los designios del pueblo español. Alfonso XII es persona formada en distintos colegios europeos y demuestra un talante comprensivo y una personalidad a prueba de malos gobernantes. Fatalmente, muere de tuberculosis antes de cumplir los 28 años. Unos meses después, nace su hijo Alfonso XIII, rey desde el momento en que le cortan el cordón umbilical. Su madre María Cristina ejerció la regencia hasta que el monarca cumplió los 16 años.

Ya sabemos cómo se desenvolvió el reinado de Alfonso XIII, un hombre con las ideas tan claras que incluso apoyó el golpe de Estado del general Primo de Rivera. Con él España perdió sus últimas colonias y también la escasa credibilidad de la podía gozar en el mundo. Este monarca celebró una de las bodas más explosivas de la historia: cuando regresaba al Palacio Real con su ya esposa Victoria Eugenia, el anarquista Mateo Morral les lanzó un ramo de flores bomba, que no llegó a causarles heridas de relevancia. Además de al menos cinco hijos fuera del matrimonio, el rey engendró siete vástagos oficiales. Entre la hemofilia, la sordera, las renuncias voluntarias y el género (femenino), Juan, sexto de la serie, accedió a los derechos dinásticos. Pero como no era muy amigo de Franco, pues hubo de renunciar a los mismos en beneficio de su hijo Juan Carlos, cuya historia como soberano, inversor, promotor, esposo, padre, hermano, abuelo, cazador y playboy se puede consultar en los jornales españoles de la actualidad, en los archivos del telediario y en las revistas del corazón. Entre Alfonso y Juan Carlos, la fallida Segunda República, el golpe de Estado, la guerra civil y la dictadura militar. Un pronóstico: durante el reinado de Felipe VI, se celebrará el referéndum necesario para elegir monarquía o república; el pueblo español, finalmente, decidirá.

 

 

La bandera en Madrid

 Algunos se empeñan en utilizar las banderas como los capiteles en el Medievo, para ilustrar y educar. En Madrid, algún día crearán la Consejería de trapos y banderas. Cospedal, siempre al acecho, colocó la suya a media asta por Semana Santa. Pronto nombrará generala a la Virgen de los Dolores; y a la de Lourdes, delegada de Defensa en Portugal. La derecha es propensa a gobernar en beneficio de mitos y leyendas.

En Madrid, como en algún otro lugar, enrollan los cuchillos en banderas rojigualdas para clavárselos a los toros hasta la médula; tal que cada uno fuese una representación de la roca de Perejil. Ni siquiera Carmena prohibirá la tortura animal, por si la acusan de cargarse la llamada fiesta nacional. Los toros en Madrid tienen alma pero los novilleros no.

Carmena colocó en el nuevo Ayuntamiento una pancarta dando la bienvenida a los refugiados, que nunca la llegarán a leer. Pero no retira las banderas que convierten La Cibeles en una especie de tarta de cumpleaños. Al parecer celebran así las Copas de Europa ganadas por el Real Madrid, ese equipo que alinea algunas veces a Sergio Ramos junto a diez extranjeros. Ya dicen que es la bandera de todos.

En Colón ensartaron otra bandera, que en realidad semeja el pañuelo para sonarle los mocos a Dios. Le pidieron las medidas al jardinero del Bernabeu. Una bandera que se ve desde la Plaza del Rei de Barcelona y desde la Plaza Mayor de Bilbao.


Algúns empéñanse en utilizar as bandeiras como os capiteis no Medievo, para ilustrar e educar. En Madrid, algún día crearán a Consellería de trapos e bandeiras. Cospedal, sempre á espreita, colocou a súa a media asta por Semana Santa. Pronto nomeará xenerala á Virxe das Dores; e á de Lourdes, delegada de Defensa en Portugal. A dereita é propensa a gobernar en beneficio de mitos e lendas.

En Madrid, como nalgún outro lugar, enrolan os coitelos en bandeiras rojigualdas para cravarllos aos touros ata a médula; tal que cada un fose unha representación da roca de Perejil. Nin sequera Carmena prohibirá a tortura animal, por se a acusan de finiquitar a chamada festa nacional. Os touros en Madrid teñen alma pero os novilleiros non.

Carmena colocou no novo Concello unha pancarta dando a benvida aos refuxiados, que nunca a chegarán a ler. Pero non retira as bandeiras que converten La Cibeles nunha especie de torta de aniversarios. Disque celebran de tal xeito as Copas de Europa gañadas polo Real Madrid, ese equipo que aliña algunhas veces a Sergio Ramos xunto a dez estranxeiros. Xa din que é a bandeira de todos.

En Colón ensartaron outra bandeira, que en realidade semella o pano para soarlle os mocos a Deus. Pedíronlle as medidas ao xardineiro do Bernabeu. Unha bandeira que se ve desde a Praza do Rei de Barcelona e a Praza Maior de Bilbao.

Dous artigos sobre a marca Galicia

O desprezo da marca

Eroski mercou Vegalsa hai algúns anos. Diríase que se trataba dunha mala nova para a economía galega. Non tanto como a adquisición de R por parte de Euskaltel. Ou como a do Pastor polo Popular. Ou como a de Fenosa por Unión Madrileña décadas atrás. Calquera operación que signifique perda de postos de traballo e da capacidade de investimento e xestión. Mais en contra das perspectivas, Eroski trouxo algo que nós tendemos a desprezar: o respeto pola marca Galicia. Dende o principio, aumentou significativamente os provedores galegos, sinalou de xeito inequívoco aqueles artigos producidos ou empaquetados en Galicia e utilizou con forza o idioma galego. Gadis, aínda co capital en mans de empresarios do país, podería tomar nota.

Velaquí a ligazón ao artigo completo publicado en Economia digital.

Abrollos verdes

“Diferenciación, creatividade, calidade e distribución son os elementos da fórmula de éxito. Tamén o uso da lingua propia; a maioría utiliza o galego como idioma de comunicación. Saben que as linguas autóctonas supoñen un valor engadido para o consumidor do país e un carimbo de autenticidade ante o foráneo.” Iso mesmo di o artigo publicado en Galicia Confidencial (aquí a ligazón) falando da xeira de bos proxectos que se dan cita cada dúas semanas no Mercado ecolóxico da Praza de España da Coruña. Tal como anticipaba o título do artigo: abrollos verdes, que habelos, hainos.

 

 

Cine, vida, sueños/soños

Se a vida é soño, segundo apuntou Calderón hai varios séculos, e todo na vida é cine e os soños, cine son -Aute cantou- daquela matematicamente o cine é vida, a vida son soños e os soños, pois cine.

Eran as catro e cuarto da tarde dun martes, este martes, momento deses que a vida reserva para gozar dunha soneca onde poñer as neuronas a soñar. Iso ou o seu equivalente: visionar unha peli. Así que me erguín do sofá e saín para unha sala na que venden cine a menos de 2€ á hora. Título, “El guardián invisible”, adaptación da exitosa novela saída da atinada mente da escritora Dolores Redondo. Malia a presentación de tal altura, na sala estaba eu comigo mesmo e máis os meus soños, e tamén a miña tarxeta de socio. A sala para min enteira. A peli, das que ves e non se che move nada por dentro. Que tampouco está mal. Ou sexa, que pasable segundo os rating dos portais sobre vida/soños/cine…

Uns días antes, provisto da mesma tarxeta, acudín a ver “Dona Clara”, peli brasileira. Na taquilla unha moza vestida de bermello (case tan bermello como aquel vestido de Kelly LeBrock). Nese momento decateime de que a tarxeta tamén era bermella ou sexa que a cor corporativa daquela sala, podería apostalo, viña sendo precisamente a bermella. A tarxeta dábame dereito a unhas palomitas de balde, que eu lle ofrecín á moza da camisa bermella alegando odio innato ás palomitas. Ela dixo, pero se son un vicio. Pois será por iso, argumentei eu. O caso é que un venres á noitiña, momento cumio cinéfilo da semana, pois que na sala había sete persoas, contando con nós. “Dona Clara” viña recomendada unanimemente por vinte críticos que eu consultara (cando me poño, podo chegar a ser exhaustivo), e por mencións de honra nalgúns certames que non recordo, e polo aplauso planetario a Sonia Braga no seu papel de Dona Clara (eu tamén aplaudo), e por unha reportaxe no programa de cine máis visto da tele, e por un artigo cumprido en El País (coido que o xornal máis lido despois do Marca), con entrevista incluida ao seu director.

Daquela un pensa: se as pelis producidas tras salvaxes éxitos literarios e as pelis difundidas por medios especializados e xeralistas de ampla difusión, non convocan máis que catro gatos (media matemática da asistencia ás dúas pelis) mesmo cando o prezo non supere os 2 € á hora (inda que regalen palomitas, que son un vicio como todo o mundo sabe), daquela para que carallo seguir facendo cine. Mellor conformármonos con soñar que sae aínda máis barato…

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Si la vida es sueño, conforme apuntó Calderón hace varios siglos, y todo en la vida es cine y los sueños, cine son -Aute cantó- entonces matemáticamente el cine es vida, la vida son sueños y los sueños, pues cine.

Eran las cuatro y cuarto de la tarde de un martes, este martes, momento de esos que la vida reserva para disfrutar de una siesta donde poner las neuronas a soñar. Eso o su equivalente: visionar una peli. Así que me erguí del sofá y salí raudo para una sala en la que venden cine a menos de 2€ la hora. Título, “El guardián invisible”, adaptación de la exitosa novela salida de la atinada mente de la escritora Dolores Redondo. A pesar de presentación de tal altura, en la sala estaba yo conmigo mismo más mis sueños, y también mi tarjeta de socio. La sala para mí entera. La peli, de las que ves y no se te mueve nada por dentro. Que tampoco está mal. O sea, pasable segundo los rating de los portales online sobre vida/sueños/cine…

Unos días antes, provisto de la misma tarjeta, acudí a ver “Doña Clara”, peli brasileña. En la taquilla una joven vestida de rojo (casi tan rojo como aquel vestido de Kelly LeBrock). En ese momento me percaté de que la tarjeta era igual de colorada o sea que el color corporativo de aquella sala, podría apostarlo, venía siendo precisamente el rojo o colorado. La tarjeta me daba derecho a unas palomitas de balde, que yo le ofrecí a la joven de la camisa roja alegando odio innato a las palomitas. Ella dijo, pero si son un vicio. Pues será por eso, argumenté yo. El caso es que un viernes al anochecer, momento cinéfilo cumbre de la semana, pues que en la sala había siete personas, contando con nosotros. “Doña Clara” venía recomendada unánimemente por veinte críticos que yo había consultado (cuando me pongo, puedo llegar a ser exhaustivo), y por menciones de honra en algunos certámenes que no recuerdo, y por el aplauso planetario a Sonia Braga en su papel de Doña Clara (yo también aplaudo), y por un reportaje en el programa de cine más visto de la tele, y por un artículo completo en El País (creo que el periódico más leído después del Marca), con entrevista incluida a su director.

Así que uno piensa: si las pelis producidas tras salvajes éxitos literarios y las pelis difundidas por medios especializados y generalistas de amplia difusión, no convocan más que cuatro gatos (media matemática de asistentes a las dos pelis) aún cuando el precio no supere los 2 € a la hora (y aunque regalen palomitas, que son un vicio como todo el mundo sabe), entonces para qué carallo seguir haciendo cine. Mejor nos conformamos con soñar que sale todavía más barato…

A labazada / La bofetada

Viviamos fronte ao Parque de Santa Margarita. O arrecendo a eucalipto foi o olor que ambientou a nosa infancia. Mirabamos polas fiestras da sala para comprobar se ese mechón do Seixo Branco continuaba marcando a liña central da costa. E xogabamos de sol a sol polo noso territorio bravío sentíndonos tan donos daquilo coma os indios comanches da súa chaira antes da invasión do exército ianqui.

Nós eramos a clase media emerxente, viviamos nun sétimo piso, estudiabamos en colexios de pago e estreabamos roupa de tergal após cada estirón. Eles residían nas casoupas dos arredores onde non chegara aínda “o progreso”, ían a escolas ou academias de nomes desbotables e aproveitaban ata as últimas consecuencias as roupas dos parentes máis vellos. Xuntabámonos no Parque a xogar ao fútbol, ao ché, ás tres pedras ou ao chourizo envelenado. De cando en vez so falabamos das cousas que tratan os cativos de doce ou trece anos inconscientes das diferenzas sociais que os separarían.

Había dous xemelgos que so viñan algún día da semana. Chamábanse Óscar e German; así, German, sen acento. Sacáballes eu uns centímetros e non me caían nin ben nin mal. Eran algo fachendosos e non destacaban co balón nin co ché. En realidade, non lles prestabamos moita atención. Un día, falando, eu tirei de retranca e puxen en dúbida as habelencias do que German se estaba a gabar. Díxeno sen malicia nin máis intención ca de formar parte da conversa, un simple “pois quen o diría” ou algo do estilo. Non me decatei ata escoitar o son agudo e percusivo que atravesou o meu tímpano no instante en que a calor repentina queimou a miña fazula. O xemelgo sen til estampárame unha labazada a man aberta, limpa coma unha camisa de Persil.

Duroume o proído uns minutos humillantes nos cales non fixen nada. Tornárame unha estatua de pedra chantada no Parque por obra e graza do tal German, quen continuaba falando subido ao podio que lle recoñecía coma o rapaz máis afouto da contorna. Por antítese, eu sería o máis covarde.

Esta mañá volvín ver a German. Identifiqueino axiña, non cambiara gran cousa nestes corenta anos. Tampouco non medrou. Tiña tempo dabondo para armar a palma da man e devolverlle a labazada. Cruzámonos, el miroume de esguello un instante, e eu quedei coas ganas de machucalo diante de todo dios.

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Vivíamos frente al Parque de Santa Margarita. El olor a eucalipto fue la esencia que ambientó nuestra infancia. Mirábamos por las ventanas de la sala para comprobar si ese mechón del Seixo Blanco continuaba marcando la línea central de la costa. Y jugábamos de sol a sol por nuestro territorio bravío sintiéndonos tan dueños de aquello como los indios comanches de su explanada antes de la invasión del ejército yanqui.

Nosotros éramos la clase media emergente, vivíamos en uno séptimo piso, estudiábamos en colegios de pago y estrenábamos ropa de tergal después de cada estirón. Ellos residían en las casuchas de los alrededores donde no había llegado aún “el progreso”, iban a escuelas o academias de nombres desechables y aprovechaban hasta las últimas consecuencias las ropas de los parientes mayores. Nos juntábamos en el Parque a jugar al fútbol, al ché, a las tres piedras o al chorizo envenenado. De vez en cuando solo hablábamos, de las cosas que tratan los niños de doce o trece años inconscientes de las diferencias sociales que los separarán.

Había dos gemelos que venían nada más algún día de la semana. Se llamaban Óscar y German; así, German, sin acento. Les sacaba yo unos centímetros y no me caían ni bien ni mal. Eran algo presumidos y no destacaban con el balón ni con el ché. En realidad, no les prestábamos mucha atención. Un día, hablando, yo tiré de ironía y puse en entredicho las habilidades de las que German estaba presumiendo. Lo dije sin malicia ni más intención que la de formar parte de la conversación, un simple “pues quien lo diría” o algo del estilo. No me enteré hasta escuchar el sonido agudo y percusivo que atravesó mi tímpano en el instante en que el calor repentino quemó mi mejilla. El gemelo sin tilde me había estampado una bofetada a mano abierta, limpia como una camisa de Persil.

Me duró el picazón unos minutos humillantes en los cuáles no reaccioné de ninguna manera. Me había convertido en estatua de piedra clavada en el Parque por obra y gracia del tal German, quien continuaba hablando subido al podio que le reconocía como el chaval más aguerrido del entorno. Por antítesis, yo sería el más cobardica.

Esta mañana volví a ver a German. Lo identifiqué enseguida, no había cambiado gran cosa en estos cuarenta años. No había crecido tampoco. Tenía tiempo de sobra para armar la palma de la mano y devolverle la bofetada. Nos cruzamos, él me miró de soslayo un instante, y yo me quedé con las ganas de machacarlo delante de todo dios.

Favoritos

Gozar do favor do público vén sendo un privilexio asignado a uns poucos. Ser o favorito de alguén representa unha responsabilidade gratuita que non che reporta máis ca un átomo inaccesible de prestixio. Normalmente, non sabes que es o favorito de ninguén. Tampouco a razón do favoritismo. Nin cando empezou o asunto nin cando rematará. Alguén tenche presente nas súas oracións inda que non creas ti nesas andrómenas. Alguén está pendente do que escribes ou dis, mesmo xoga a intuir o que pensas. E ti simplemente pensas sen máis ambición nin trascendencia que o de non parecer un memo ou un tarado. Abóndache con que ninguén poña en dúbida un coeficiente intelectual lixeiramente por riba da media. Porque a media non che gusta nadiña. Tampouco a mass media! Aspiras a destacar minimamente da masa porque a masa leva incorporada unha condición precisamente desfavorable. Agás que a chames pobo, daquela a masa adquire carácter e ti xa podes asumir a pertenencia. Se chegas a ser o favorito do pobo, tórnaste o seu líder. Inda que para tal cousa, fai falta un plan e plan é o que non tes. So aspiras a que non te tomen por un memo ou un tarado.

Disfrutar del favor del público viene siendo un privilegio asignado a unos pocos. Ser el favorito de alguien representa una responsabilidad gratuita que no te reporta más que un átomo inaccesible de prestigio. Normalmente, no sabes que eres el favorito de nadie. Tampoco la razón del favoritismo. Ni cuando empezó el asunto ni cuando terminará. Alguien te tiene presente en sus oraciones aun cuando no creas tú en esas historias. Alguien está pendiente de lo que escribes o dices, incluso juega a intuir lo que piensas. Y tú simplemente piensas sin más ambición ni trascendencia que no parecer un memo o un tarado. Te basta con que nadie ponga en entredicho un coeficiente intelectual ligeramente por encima de la media. Porque la media no te gusta nada de nada. Tampoco la mass media! Aspiras a destacar mínimamente de la masa porque la masa lleva incorporada una condición precisamente desfavorable. Excepto que la llames pueblo, entonces la masa adquiere carácter y tú ya puedes asumir la pertenencia. Si llegas a ser el favorito del pueblo, te conviertes en su líder. Aunque que para tal cosa, hace falta un plan y un plan es lo que no tienes. Solo aspiras a que no te tomen por un memo o un tarado.

Un par de artículos más

Quen ía a pensar que un artigo sobre eucaliptos tería a repercusión que conseguiu este: “Galicia, de paraíso natural a inmenso eucaliptal en unas pocas décadas“. Nada menos que 4.600 veces foi compartido. Espero que sexa o reflexo da preocupación existente sobre a proliferación, auténtica invasión, desta árbore alóctona sobre a paisaxe e o desenvolvemento rural de Galicia. Asimesmo espero que o artigo sirva para empurrar sequera un chisco na dirección correcta: a de reducir a presenza do eucalipto nestas terras.

E igualmente en Mundiario, una nueva colaboración con Donald Trump de sujeto principal. El artículo tiene dos partes: la primera, que cuestiona la legitimidad del nuevo presidente USA para tomar las decisiones que se le antojen; la segunda, la resistencia de una sociedad civil que se moviliza ante tanto despropósito. Aquí queda el vínculo al artículo: La sociedad civil reacciona ante los desmanes presidenciales de Donald Trump.

 

Algúns artigos, algunos artículos

Velaí van os publicados nestes últimos meses, a modo de recompilación. Para que queden rexistrados todos xuntiños. Basicamente.

Comandante Trump

El fenómeno Trump –payaso en jefe según algún experto en apodos iluminados- se podría haber tratado desde tantos puntos de vista como asuntos caben en la cosa política. Incluso más, también desde ópticas personales y de estas hay infinitas. Trump es una especie de salvavidas de los medios, un auténtico maná por mucho que amenace con cargárselos a todos ellos. En este artículo, hablo sobre los efectos sobre Cuba de la llegada de este hombre de pelo dorado a la Casa Blanca. Los habrá, claro, sobre Cuba y sobre el resto del Universo…

La política económica de Trump 

Otra sobre el hombre del pelo dorado, esta vez para analizar las posibles implicaciones de su empeño proteccionista. Ya se sabe, los períodos de progreso y cooperación en el mundo son seguidos por épocas de enfrentamiento y retroceso. Somos una especie propensa a la Restauración, esos momentos históricos en los que las mentes más obtusas toman el poder. Pues cuatro años de esto salvo que un afilado impeachment lo impida…

Abusos laborales

En parte por la reforma laboral del PP, en parte por la dejadez de políticos y autoridades en la materia, lo cierto es que España se ha convertido en un escenario proclive al abuso contra los trabajadores jóvenes. Y es un abuso exacerbado. En este artículo se describe una práctica permitida en las empresas españolas por la cual un trabajador pierde hasta los derechos más elementales. Lo llaman beca pero es un fraude como una catedral…

Nas mans de Amancio

Pois eu creo que si: ou Amancio Ortega e familia cambian a súa disposición e admiten a súa responsabilidade de salvar a economía deste país ou Galicia quedará reducida a unha miniatura do que foi. No artigo faise unha pregunta capital: Como é posible que a economía que viu medrar o grupo cunha maior capacidade de investimento do planeta estea sentenciada á marxinalidade?

 

O textil galego en apuros

A empresa coruñesa de confección Caramelo atópase en proceso de liquidación. Antes tamén quebraran Antonio Pernas, a ferrolá Unicén, a ordense Viriato, a boirense Jealfer (que tenta agora renacer) ou as lalinenses Toypes e Montoto. Outras empresas galegas do sector téxtil estiveran a piques de pechar as portas, como Selmark ou Guerral, mentres que firmas tan acreditadas como Adolfo Domínguez, Kina Fernández, Roberto Verino ou Alba Conde viviron (e algunha segue a vivir) momentos extremadamente delicados. 

No artigo que vimos de publicar en Economía digital “Os restos do textil galego” preguntámonos: “Por que hai quince anos si e hoxe non? É que as marcas Inditex barren con todo? É que o modelo, se hai un identificable, peca de erros estratéxicos insalvables? É que as equivocacións tácticas e de xestión son contaxiosas? Cal é a razón da desfeita?”

Seica unha desas razóns son os custos de distribución que implica a creazón dunha rede de tendas de marca propia. Disque dispara o efecto imaxe e incrementa o cota do mercado. Mais de que serve se afoga as finanzas das empresas? Entón é cando un apela ao espírito da cooperación, que tende a aforrar custos ao tempo que potencia a implantación no mercado. Non sería posible unha alianza entre as máis senlleiras firmas galegas de moda para lanzar unha estratexia conxunta de comercialización? Sería tan disparatado crear unha rede de tendas multimarca onde se ofrecesen as roupas de, poñamos, Adolfo Domínguez, Alba Conde, Antonio Pernas, Bimba e Lola, Caramelo, Florentino, Kina Fernández, Roberto Verino e Viriato?

Velaquí queda a proposta, que a ninguén con capacidade de manobra chegará seguramente. E velaquí deixo de novo ligazón ao texto do artigo xa citado: “Os restos do textil galego“.

 

Gdansk, Breslavia, Cracovia

134-gdansk-solidaridadDejamos Varsovia y tiramos hacia el norte, Gdansk a la espera. Calculamos, o más bien estimamos, la edad de Lech Walesa. Decidimos que unos 70 años y al llegar al hotel ni siquiera abrimos la wikipedia para comprobarlo. De Gdansk nos llamaban Solidaridad y los astilleros. Descubrimos mucho más…

Descubrimos una ciudad de ladrillo, de ámbar y de graneros, una urbe empeñada en dejar huella histórica. Fue hanseática en la Edad Media, ciudad libre o autónoma en varias épocas, el 1 de setiembre de 1939 empezó Hitler allí mismo la Segunda Guerra Mundial, en 1945 la arrasaron los rusos, en 1981 el sindicato Solidaridad comenzó, posiblemente sin ser demasiado conscientes, la liberación de los países del llamado Telón de Acero…
79-gdanskLo primero a destacar, vivamente, es el grandioso trabajo de reconstrucción de la ciudad, que hoy se pasea con la sensación de circular entre edificios originales del medievo. La Vía Real, de la Puerta Alta a la Puerta Verde cruzando el Mercado Largo, y su continuidad en ángulo recto por el Muelle (también) Largo que sigue el cauce del Motlawa, es una ruta que quedará gravada en la memoria por siempre jamás. La Ciudad Vieja aledaña merece un reconocimiento similar. En los alrededores de Gdansk, convendría dar una vuelta por Oliwa para admirar su espigada catedral, un lugar donde refrendar la sentida y vasta religiosidad del pueblo polaco. A dos pasos, el pueblo balneario de Sopot: sobre la pasarela que forma su malecón, uno puede adentrarse en el mar Báltico. Enfrente, el Gran Hotel donde se alojó Hitler mientras sus soldados violaban la soberanía de este sufriente país.

165-breslavia-universidadSiguiente etapa: Breslavia, Wroclaw en idioma local. Por el camino, hemos de renunciar a ciudades que exigirían una parada como Torun o Poznan; ya se sabe, la maldición del turista obligado a elegir. Breslavia constituyó la sorpresa del viaje. En ella conviven 160.000 universitarios, más de 400 duendes de bronce, 110 puentes (sobre el río Oder), una docena de islas y la memoria de los 22.000 prisioneros asesinados por los rusos en 1940 en la cercana Katyn. En la ciudad se alternan el agua y el suelo con igual armonía que los edificios históricos y las construcciones soviéticas. El Rynek, la ciudad vieja de Wroclaw, presenta una disposición urbanística única. No muy lejos de la ciudad, visita obligada, de las que se convierten en recuerdo imborrable, a las Iglesias de la Paz en Swidnica y Jawor.

255-cracovia-mina-de-sal-de-wielizkaY por fin Cracovia, la ciudad “afortunada” que se libró de ser arrasada durante la Segunda Guerra Mundial. En ella los nazis instalaron una sede de su gobierno en Polonia, ahí queda la explicación. Pero le atizaron duro igualmente. Las historias tétricas asociadas al gueto de Cracovia paralizan el corazón. Pocos se salvaron, algunos de ellos, Roman Polanski, Helena Rubinstein, consiguieron grandes logros tras sobrevivir a aquel infierno.  Centro neurálgico en la Gran Plaza del Mercado desde donde se expanden distintas rutas posibles, todas ellas poseedoras de múltiples encantos. Alguna de las vías conducirá a la espléndida Colina Wawel donde se ubican la Catedral y el Castillo Real. Cracovia provoca una quizás esperada seducción la cual se convierte en hechizo cuando se visitan las minas de sal de Wieliczka: el interminable descenso a la Capilla subterránea de Santa Kinga (en la foto) será una de esas experiencias que jamás habrás imaginado vivir.

Cerramos el círculo regresando a Varsovia. Si quieres saber como enfocar la visita a la capital de Polonia, aquí te dejo el link sobre nuestra estancia: Polonia capital Varsovia. Fin del camino.