Archivos en la categoría Literatura xeral

Crónica de una presentación

Danubio2

Presentación de El Danubio no pasa por Buenos Aires. Madrid, El Corte Inglés de Callao; jueves, 10 de diciembre de 2015.

El Danubio, definitivamente, no pasa por Buenos Aires. Esta verdad absoluta reunió el pasado jueves a más de 70 personas en El Corte Inglés de Callao. Entre ellos, dos artífices: Alejandro Diéguez, director de Ézaro Ediciones, y Ramón Pernas, director de Ámbito Cultural y anfitrión incomparable.

Tras las magistrales palabras introductorias de Ramón, habló Pancho López Romito. Mendocino, llegó exiliado en 1977, primero a Barcelona y después a Madrid. Quizás para olvidar la cárcel cuando antes, enseguida se enroló en la lucha sindical de la Transición. Pancho representó la voz argentina del acto. Él fue quien repasó los episodios y períodos de la Historia de Argentina que salen en la novela, desde la colonización de la Patagonia hasta el kichnerismo pasando por la dictadura militar.

A continuación, turno para Lidia López Teixeiro. La voz de Lidia iluminó la sala desde el instante en que comprobó el funcionamiento del micrófono. Portadora de una energía invisible e invencible, Lidia se erigió en protagonista desde su juventud y en el medio de cuatro hombres con más de media vida vencida. Calificó El Danubio no pasa por Buenos Aires como novela gallega, erudita y cuidadosa, relato de casualidad y causalidad, tributaria de dos referencias cruciales: Benedetto Croce y Claudio Magris. Y destacó el tratamiento de los espacios: Buenos Aires ciudad viva y musical, Santiago tosca, opresiva, narrada desde el interior.

François Pérez Ayrault continuó donde Lidia lo dejó. François analizó el sentido de la Historia –en mayúscula– subyacente en la historia –con minúscula–, cómo el relato de una relación personal puede adquirir alma de thriller, y el relativismo ético que impregna buena parte de las actitudes. François considera que El Danubio no pasa por Buenos Aires es una novela que conmueve: “nos conmueve porque nos responsabiliza, nos responsabiliza porque nos vemos proyectados en las contradicciones de unos personajes ricos en matices, desdoblados en muchas tonalidades que nos confunden, que hace que tomemos conciencia de la devastación moral en la que vivimos hoy, con esa sensación de falta de propósito; no vale con agarrarnos a cualquier clavo ardiendo pues en tal caso las consecuencias serán nefastas.”

El autor, finalmente, se centró en las razones que propiciaron la elaboración de la novela. Narró el caso real de un muchacho gallego que un buen día decidió ser argentino; en ese muchacho se esconde el protagonista de una novela, pensó, y ahí empezó todo. La primera frase del relato se revela un auténtico preludio: “Había tomado a Cibrán por tan argentino como podrían serlo Maradona o Borges”. La novela ahonda en los posibles conflictos de identidad de los individuos más exocéntricos; lo hace a partir de un entorno universitario y desvelando un cierto fervor por una Argentina soñada antes que auténtica. El Danubio no pasa por Buenos Aires simula novela de campus durante el primer tercio; se mueve en terrenos de novela histórica, e incluso de novela de viajes, en los pasajes intermedios; y termina en zonas próximas a la novela de intriga o hasta policiaca. Así lo expresó el autor. El relato, su historia, va confluyendo hacia una idea final que parece ineludible: la huida como destino y el tránsito como identidad.

PresentaciónMADRID3

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Danubio no pasa por Buenos Aires

untitled

Había tomado a Cibrán por tan argentino como podían serlo Maradona o Borges”.

Así empieza esta historia y en su primera frase cabe toda Argentina. Dice el humorista Limiers: “La gente que vive acá es simpática, desopilante, rara, a veces generosa a veces engreída, pero interesante”. El Danubio no pasa por Buenos Aires pretende, sobre todo, ser una historia también interesante.

Juan Carlos Rubido, profesor de Historia Antigua en la Universidad de Santiago de Compostela, hace tiempo que ha perdido la ilusión en su función como docente, en especial tras el cambio drástico del centro con la incorporación al decanato de Serafín Piñeiro, numerario del Opus Dei y antiguo colega. Solo Cibrán Salgado, un alumno excéntrico y algo subversivo a quien apodan Porteño, será capaz de reavivar su vocación extraviada, lo que no bastará para apagar una insatisfacción que semeja incontenible. Rubido se deja llevar hacia la anarquía académica lo cual derivará a su vez en un entramado de acontecimientos que transformarán por entero su vida.

El Danubio no pasa por Buenos Aires supone el relato de un curso académico durante el cual los comportamientos mezquinos y los miedos personales terminan imponiéndose sobre las voluntades. Es asimismo la crónica de una pasión entre dos ciudades, Santiago y Buenos Aires. La historia redescubre un magnetismo de doble dirección que influye de manera determinante en la relación entre los personajes.

De este modo, el protagonista teje, incluso involuntariamente, una intempestiva red de conexiones de naturaleza dispersa: de cierta dependencia y admiración hacia su alumno Cibrán; de rencor y deseo de venganza respecto al vicedecano de la Facultad; de tutela y finalmente traición hacia su amigo Antón; de fría seducción hacia Ornela, otra de sus alumnas. La historia va confluyendo en una idea doble que parece ineludible: la huida como destino y el tránsito como identidad.

Argumentos críticos de la novela

  • El tema principal del relato es el conflicto de identidades
  • Buena parte de la obra se podría enmarcar en la llamada “novela de campus”
  • Aunque la mayor parte de la historia transcurre en Santiago, Argentina está presente en la narración de principio a fin.
  • La trama supone una vuelta de tuerca al sentido de la Historia, con foco especial en el concepto de Restauración.
  • Las relaciones intergeneracionales juegan un papel esencial en el desarrollo de los acontecimientos

Entrevistas, críticas y reseñas 

Entrevista en Todoliteratura

Reseña crítica en Melibro.com

Crítica en Mundo crítico

Reseña en Las lecturas de Guillermo

Reseña en Algunos Libros Buenos

Entrevista en la plataforma Tregolam

Reseña en Lunas Pasajeras

Reseña en Esquire

Recomendado para el Sant Jordi

Presentación en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

Imprevisibles Premios Goncourt

Acabo de terminar “Me voy”, de Jean Echenoz, Premio Goncourt 1999. Por decirlo de manera delicada: flojita, flojita. Una vez más, he tenido la impresión de que los premios literarios son concedidos por sorteo. En este caso, la trama se orienta a la épica (búsqueda de un barco naufragado en el Ártico) pero el desarrollo y su resolución son de un simplismo inaudito. Hay un estafador que finge su muerte pero después resucita sin más, con toda facilidad. Perdona que te estropee la intriga pero, créeme, mejor lee cualquier otra cosa.

Recuerdo otros premios Goncourt. “El sol de los Scorta”, de Laurent Gaudé, lo ganó en 2004. Esta novela parece elaborada por dos autores diferentes: uno con talento las primeras veinte páginas y por un aficionado el resto del libro. Pretende ser una historia de generaciones pero falla con estrépito en todo: personajes de telenovela, sucesos sin justificación, absurdas decisiones, débiles relaciones causa-efecto y unos diálogos de una simpleza apabullante… En 2010, el Goncourt fue concedido a “El mapa y el territorio”, de Michel Houellebecq. De nuevo una novela extremadamente débil en su concepción y en su ejecución, Incluso percibí una narrativa narcisista, nada convincente. Y ese juego agarrado con alfileres en torno a los mapas de carreteras, tan inconsistente.

Por suerte, como siempre encontramos excepciones a lo que parece una regla indeseada. En 2007, Philip Claudel se llevó el Goncourt con “El informe de Brodeck”, una encomiable demostración de buen hacer literario. Sigue el esquema esencial de la extraordinaria “Almas grises” aunque transforma la narración al incorporar un elenco de personajes diferentes en experiencias y posición ante el relato. Aporta además un valor añadido en la investigación y descubrimiento de los objetivos últimos del ser humano.

Bien, a pesar de Claudel, que tras la lectura de “Me voy”, no repetiré. Por mí, el Goncourt, como si lo cancelan…

@marcialmallo

Unha nova vida

Ocorre ás veces, non si?, que a literatura se mestura coa vida real. Que un vive un momento determinado, un contexto, un acontecemento, e toma un libro tentando cortar, esquecerse, e resulta que de novo peta co mesmo contexto ou acontecemento. Ocorre a cotío, é verdade, pero eu nunca pensei que me fose suceder no momento de cambiar de vida.

Susan Sontag, na súa novela En América, narra unha historia a medias real, a da máis célebre actriz polaca de finais do século XIX, que marcha vivir dende Cracovia a unha viliña californiana, nunha sorte de arroutada existencial, a montar unha explotación agraria.

O meu non é tan radical. Eu so deixo a empresa onde levo trinta anos traballando. Quedo, ou penso quedar, na mesma cidade e na mesma casa. O espazo básico será o mesmo pero o tempo mudará abruptamente. As miñas horas non se dedicarán máis nunca ó que se levan dedicando todos estes anos. Debería sobrarme o tempo, calculo, e non é tal. Busco un manual para cambiar de vida da mellor maneira pero non atopo ningún axeitado, tan so receitas de iluminados. Que pasos debo seguir para cambiar de vida? Que metodoloxía ou procedemento debo aplicar? Alguén experimentado me pode axudar?

Quizais o primeiro sería determinar a razón principal da decisión. Por que, por que marcho da empresa? Algo así faise normalmente por dous motivos: cartos ou proxección (prestixio profesional). Nada máis lonxe. Maryna Zalezowska (na fición; Helena Modrzejewska na realidade) faino xustamente polo contrario. Ela busca fuxir de todo artificio, deixar atrás e esquecer a súa vida de éxito e recoñecemento no degoiro de descubrir o que realmente latexa no seu interior fondo. Vou pola páxina 290 e teño a impresión de que vai fracasar.

E eu non quero fracasar, sexa cal for o meu propósito. Que quero? Que busco? Liscar tamén, si, e esquecer, e purificarme dalgún xeito, borrar todo refugallo de mesquindade e incompetencia. Parece doado. Pero que máis? E agora que? Como cambiar de vida? Abro a páxina 291 da novela de Susan Sontag e, por fin, decátome de ter nas mans a guía que preciso. Tan so debo continuar lendo…

A poesía está nas rúas

A poesía está nas rúas, velaí a explicación –atinada, precisa– da revolución do 68 que nos deixa Manuel Alegre na súa novela saborosa Rafael.

(Rétanme algún emisores dixitais a engadir en Internet o meu desexo para o vindeiro ano. Unha boa revolución antisistema, cal outro?)

Manuel Alegre leva a poesía ás revolucións ata convertilas nun poema perenne, por sempre inconcluso. A utopía que é o lugar inexistente ou que so existe no pensamento. A poesía disque a pode trasladar ate a realidade, que precisamente son as rúas.

Algunas revolucións incluso triunfan, como a Dos Cravos, a do 25 de Abril en Portugal. Por aí andaba Rafael, ou Manuel Alegre. Outras triunfan para fracasar, ou derivan nun sistema que volve demandar outra revolución, ou mesmo involuciona. Hai revolucións sen vocación, que nacen sen querer, e entón quedan en movementos e perden o seu lugar na Historia. E hai revolucións que nunca estoupan, que se reprimen perpetuamente, que son coma fetos, atrofiados coma tódolos fetos.

Non lembro de onde tirei a referencia de Rafael, a novela saborosa –sabe a poesía e a revolución– de Manuel Alegre. Merqueina en Iberlibro por 5,50 euros sendo 18,75 o seu prezo orixinal, o que me deu a pensar que as revolucións estaban devaluadas. Que, tristemente, a poesía abandonou as rúas.

Escritores de novela única

Raza estraña a dos escritores, e difícil de clasificar. Na anotación anterior, amentamos os escritores suicidas, colectivo onde atopamos a Stefan Zweig, Ernest Hemingway, Sandor Marai, Cesare Pavese ou Yukio Mishima. Por que se suicidan os escritores?, sería unha pregunta de tese. Tamén: Por que escriben en verso, ou en outono, ou de noite? Por que escriben novela negra, ou histórica, ou gráfica, ou erótica? Por que, algúns escritores, publicaron unha novela única?

Quedemos con este último grupo. John Kennedy Toole sería o expoñente máis singular: suicidouse ó non conseguir publicar a súa novela, que terminou nas librarías pola teimuda vontade da súa nai. Neste caso, a unicidade da obra de Toole fica completamente explicada. A conxura dos necios foi un título acaído para a súa novela igual que para a súa vida, isto é, morte.

Por que escribiu Martín Santos unicamente Tiempo de silencio, ese extraordinario monumento literario sen continuación? Salvador Dalí creou a magnífica Rostros ocultos coa intención de estender o seu xenio a distintas esferas da arte, pero: por que Juan Rulfo publicou soamente Pedro Páramo, novela de referencia universal, malia tódalas presións da industria e dos lectores? Con Pedro Páramo abonda, seica pensou (o texto posterior El gallo de oro, non se pode considerar unha novela, na miña opinión). Así pois, escribiu Pedro Páramo e dimitiu. Cabería preguntarse por que, afondar nas últimas razóns.

Elías Canetti, premio Nobel en 1981, desenvolveu unha intensa actividade intelectual reflexo dunha xenética e dun tempo convulso. Escribiu moito, disque, pero novela tan só publicou Auto de Fe, unha sorte de legado literario, de estudo entre delirio e cultura. Deixou varias caixas pechadas con textos inéditos que se abrirán en 2024 por desexo do autor. Veremos se daquela, sae Canetti desta listaxe de escritores de novela única.

Eugene Ionescu escribiu El solitario e axiña volveu ó teatro. Xohana Torres compuxo Adios María e velaí a súa contribución á novela. Demostraron un don para a narrativa, amosaron unha capacidade incuestionable para construír historias engaiolantes, innovadoras, sólidas e perdurables. Mais iso foi todo, unha veta sen explotar, unha carreira sen percorrer. Cales serían as razóns para tan taxativa rendición?

 

Zweig, Zola, 2011

Unha hora na vida de Stefan Zweig é o título da última montaxe da compañía galega de teatro Lagarta, Lagarta. O guión ten certas pretensións pero a obra non termina de callar malia a magnífica interpretación de Belén Constenla e César Cambeiro. Mágoa ter desaproveitado as moitas posibilidades que outorgan os últimos momentos na vida de Stefan Zweig.

O autor austríaco forma parte dese grupo inarticulado de escritores suicidas que optaron por un derradeiro xesto de insubmisión ante as miserias dominantes no mundo. Chega a tan irreversible decisión prevendo o triunfo do nazismo e a súa consecuente expansión polo planeta. O retroceso brutal que implicaría a materialización desta predición súmeo nunha absoluta impotencia que o leva a inxerir unha dose letal de veleno.

Á volta do teatro, finalizo a lectura de Germinal, de Émile Zola. A novela desenvolve, combinando brillantez literaria e crueza naturalista, o episodio certo dunha folga mineira no norte de Francia. Zola describe a realidade dunha vida de fame e miseria fronte á disipación e o estúpido relouco no cal existe a burguesía propietaria das explotacións. A folga fracasa finalmente mais permanece a semente dun proceso revolucionario que debe acabar coas diferenzas sociais e os privilexios de clase.

Salvando as distancias do tempo e da forma, a dobre exposición a Zweig e Zola encaixa doadamente na etapa actual que vive Europa. En Germinal, invócase a David Ricardo, o teórico do crecemento económico sobre a base da mínima compensación para o traballador: o progreso capitalista maximizarase a partir dunha retribución laboral que permita ó obreiro non morrer de frío ou fame. Esa era a condición que se aplicaba nas minas.

Non podemos dramatizar, hoxe pouco ten que ver con aquel onte. Porén, a sustancia das reformas económicas que se queren implantar en Europa e, especialmente en España, si semellan herdeiras daquel criterio primixenio. A receita para saír dunha crise causada pola especulación e o capitalismo feroz, resulta ser afondar no desmantelamento do Estado a prol do libre mercado e a perda de beneficios para o traballador. Para maior desespero, tales criterios involucionistas son bendicidos polo pobo a través dunas eleccións nas que priva antes o desencanto cá razón.

E non digo que tomemos a Zweig como modelo de actuación, pero ás veces, un pensa que non hai máis solución cá… disolución. Invoquemos mellor as calidades humanistas de Zola para conservar a calma e maila esperanza.

 

Purga

Disque o laxante actuou sobre Benito nada máis entrar na botica, nin falta lle fixo inxerilo. Algo así precisariamos en Europa, unha boa purga que nos liberase urxentemente do atasco no que levamos instalados máis de tres anos xa. Porén, as receitas triunfantes son puros astrinxentes, fórmulas que nos farán sentir peor cada día que pase.

Mais non querería falar hoxe deste purgatorio senón dun feliz achado merecente de ser compartido. Trátase da novela Purga, da moza escritora finlandesa Sofi Oksanen, traducido ó galego por Rinoceronte nun novo acerto da editorial canguesa. Purga desenvolve unha historia fascinante, nun contexto de fondo significado histórico e a través dunha escrita vibrante e brillante. O lector vivirá no conflito permanente, dende a primeira páxina ate a derradeira, sumido nun mar de emocións que atinxen as identidades e as ideoloxías, os valores familiares e os degoiros persoais.

A novela sitúase na Estonia libre que acaba de sacudirse a tiranía soviética. Unha vella solitaria atopa unha moza desvalida e famenta na eira da súa casa. A explicación do encontro aparentemente casual vai destecendo a relación entre ámbalas dúas mulleres así como a contorna extrema na que se desenvolveu ate daquela a súa existencia.

Purga explora os límites da supervivencia que as persoas estamos dispostas a desafiar en determinados contextos e faino cunha fondura e un coñecemento humano máis propio de autores con longo percorrido.

Lendo Purga, eu atreveríame a propoñer a Sofi Oksanen como vindeira presidenta da Unión Europea.

Decepcións literarias

Se cadra todo se reduce a unha cuestión de expectativas, talvez. Quizais erguemos as nosas por riba do que a realidade xustificaría. Sexa como for, diríase que o século XXI está acadando cotas descoñecidas no barómetro da decepción. Hainas, decepcións, de moi diversas castes: políticas (unha chea), sociais (tantas ou máis), económicas (incontables), financeiras (e contables), culturais (e lingüísticas), xeoestratéxicas, semióticas, ecuménicas, gastronómicas, lambuceiras, tabernarias e, por suposto, tamén sentimentais (quen non ten unha espiña cravada?). O certo é que un ponse a repasar e termina por lamentar a evolución, por pensar que o home de Cromagnon, por exemplo, podería telo feito bastante mellor ca nós; o seu sería, cando menos, un mundo máis equitativo.

Escollamos nesta ocasión a especie literaria. A literatura é unha deusa poderosa, ben nos pode fornecer dos máis sutís praceres ou, cando se pon revirada, outrosí nos pode provocar os máis fondos desacougos. Isto tal me ocorre con certa frecuencia, confeso. A última vez polo momento, co libro que veño de rematar, La vida entera de David Grossman. Sobre esta obra, Paul Auster di: “Se Flaubert creou a Emma Bovary e Tolstói a Anna Karenina, agora temos a Ora, unha muller de corpo enteiro, máis viva que calquera outro personaxe da fición contemporánea. Lin as espléndidas páxinas de La vida entera dun golpe, devoreinas: unha experiencia inesquecible.” Tras rematar a novela de Grossman, decidín non ler nunca máis a Auster. Quizais o israelita teña escrito textos similares sobre os libros do norteamericano. Tanto me ten, dificilmente gozaría dos textos dun autor capaz de manifestacións tan afastadas da miña propia percepción. Mais Grossman non só acadou o recoñecemento de Paul Auster. Recibiu, por exemplo, os premios Cavour, Móndello, Flaiano e Sappir, segundo reza na súa biografía. Como explicar, xa que logo, ese veredito que deixei escrito nas primeiras páxinas da novela? “Un fraude, só palabras.” Esta expresión lapidaria agocha a impresión dunha historia artificiosa, unha aventura ridícula, uns personaxes propios de animación televisiva e un cúmulo de compangada disfrazada de emoción.

Cada lector é soberano e dono absoluto das súas opinións. Tal feito incuestionable quedou reflectido en anotacións coma “Kirmen, Unai e outros escritores vascos”, “Distincións primaverais”, “Relativismo literario”, “A vida esaxerada de Bryce Echenique” ou en “Xornalismo e novela”. Todas elas evidencian a diferenza notable que tantas veces acontece entre expectativa e satisfacción, tal como avanzamos ó principio. E igual que noutras ocasións recomendamos unha lectura que nos parece especialmente suxestiva, ou brillante, ou interesante, ou desafiante, nesta ocasión relaciono unha listaxe de contrarecomendacións, de novelas que me supuxeron a frustración que me provocaría, por exemplo, o lume nunha carballeira ou a seca nun afluente do Sil.

Al faro, de Virginia Wolf, é o primeiro título que me salta á mente, unha novela pretensiosa que nunca se achega sequera lixeiramente ó obxectivo que semella perseguir. Din que a británica é unha escritora fundamental da historia da literatura. Serao. Para min a súa novela representou un “inservible e insufrible manual de falaces interioridades”. El mago, de John Fowles, compite con Al faro en ambición e estrépito no fracaso. A miña crúa reprobación fica refletida nun termo franco e nítido: “bochornoso”. Algo así sentín ó ler Abril rojo, novela de Santiago Roncagliolo gañadora do Premio Alfaguara, e que cualifico simplemente como “malísima”. Frustración monumental causoume La creación del mundo, de Miguel Torga, e neste caso as altas expectativas si causaron estragos. Ó final da lectura, deixo escrito: “exercicio patético de onanismo narrativo”. Desta listaxe, sempre inofensiva, de fondas decepcións literarias, non se libran nin os Nobel. Lembro por exemplo “Henderson, el rey de la lluvia”, de Samuel Bellow, que me chegou a cabrear polo que me pareceu de caricatura burlesca a partir do descoñecemento sobre a realidade africana que, ó meu xuízo, manifestou o autor ó longo da novela. A miña ousadía coma lector lévame a cuestionar os méritos de obras idolatradas, de condición próxima á iconografía, como a xa amentada Anna Karenina, un auténtico folletín no meu modesto parecer, ou Los Miserables, esa exótica mestura de ensaio filosófico, narración histórica e acumulación inverosímil de coincidencias e teimas de difícil xustificación.

Conclúo bendicindo a sagrada lexitimidade da diferencia de pareceres. Seica en tal circunstancia residan boa parte das opcións para a supervivencia da literatura como área de creación e goce dos homes.

Obra e autor

En La amante de Bolzano, novela de Sandor Marai, o Conde de Parma afirma: “a obra designa o autor, é igual ó seu autor”. Nunha memorable escena na que se enfronta ó namorado da súa esposa, o nobre propón non asinar nunca un escrito pois este, a través da súa forma, haberá abondar para identificar o autor. Malia non compartila en absoluto, a idea resulta suxestiva.

Veño de rematar Corazón tan blanco, de Javier Marías, unha novela que podería considerar –case– perfecta. Contén un breve parágrafo, de a penas catro ou cinco liñas, impropio do resto da obra, tal que fose introducido nela coma unha sabotaxe ou unha chanza. Luísa, a esposa do relator e protagonista, muller que se revela intelixente e espelida ó longo da narración, amósase despistada e ignorante nunha conversa sobre Batista, o ditador cubano. Mesmo sendo unha impresión efémera, maniféstase dun xeito aparatoso ó provocar unha brusca caída no nivel da novela, que axiña se recompón.

As dúbidas sobre a obra reprodúcense, non obstante, ó coñecer o labor periodístico de Javier Marías, o cal aparece de maneira repetida nas frecuentes digresións que elaboran os protagonistas ó longo do relato. Quero dicir que algúns deses textos encaixarían con naturalidade en calquera dos artigos do autor nas distintas publicacións nas que colabora. Peor: as reflexións de cada personaxe aseméllanse tanto entre elas como respecto ós artigos de Marías. Non hai maneira de desprenderse da sombra do escritor pois os seus personaxes pensan e falan como o faría el mesmo. Dalgún xeito, o estilo imponse por riba das circunstancias da historia.

Precisamente por non concordar co personaxe de Marai, entendo cada obra coma unha creación con caracteres propios, allea non só á realidade do lector senón tamén á do autor. O chamado estilo literario implica antes un condicionante cá un valor. Cada relato esixe unha forma distinta, posiblemente única. O gran narrador debe analizar previamente ó desenvolvemento da obra, a relación necesaria entre estilo e relato. E debe estudar cada personaxe ata dotalo dunha personalidade que esixa un modo particular de expresión; debe dotalos de vida non proxectarse neles. Cando os protagonistas dunha novela adoptan a linguaxe do autor, a obra perde credibilidade e valor. Opino.