Viaje por Grecia. Meteora y Corfú

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Esperábamos unas carreteras griegas en peores condiciones. Ir de una región a otra no da pereza, sabes que encontrarás poco tráfico, un firme más que aceptable y un paisaje apaciguador. Destino Kalambaka, a veces cambian la b por una p y entonces leemos Kalampaka; tendríamos que haber preguntado el porqué cada lugar puede adoptar distintas versiones de su nombre. Estamos en el área de Meteora. Las guías suelen exagerar, la mayoría de páginas prometen emociones fuertes. La nuestra dice “Meteora es uno de los lugares más extraordinarios del mundo”. Pues bien, no exagera ni una pizca. Significa “rocas en el aire” y tal cual. La región se ha configurado por multitud de enormes moles de piedra arenisca aparentemente inexpugnables; pero no. A partir del siglo XIII, fueron llegando primero eremitas, después monjes, dispuestos a vivir cerca de Dios. En un principio habilitaron cuevas que poco a poco fueron convirtiendo en moradas a través de, se supone, un esforzado trabajo. Había que escalar aquellas rocas a mano. A alguno se le ocurrió llevar una cuerda, que sirvió para alzar cuerdas más gruesas y, por tanto, más resistentes. Al cabo de un tiempo, disponían de poleas capaces de trasladar incluso seres humanos, a condición de que éstos no sufriesen vértigos ni aprensiones. Finalmente, llegaron a construir veinticuatro monasterios, hoy aún casi la mitad en pie; media docena habitados y visitables. Todos merecen parada, subida y recorrido porque todos ofrecen particularidades dignas de conocer. Por algo es Meteora uno de los lugares más extraordinarios del mundo.

Virando hacia el oeste unos 170 kilómetros, alcanzamos el pueblo costero de Igoumenitsa donde tomaremos el ferry a Corfú. Los hay cada media hora. El trayecto lleva alrededor de noventa minutos y la llegada impresiona por dos factores. El meteorológico deja a uno sumido en la confusión: a la derecha, las nubes más oscuras, densas y abusonas que hayas visto; a la izquierda, cielo despejado (y tú rezando para que el hotel quede a la izquierda). El segundo factor es puramente estético; la fachada de Corfú que se muestra es ocre y armónica y en ella destacan dos fortalezas que inspiran confianza. Nos acercamos al puerto y empezamos a sentir el agua de la lluvia sobre nuestras cabezas, algo que no esperábamos.

Por el mapa Corfú, en pleno Jónico, semeja albana antes que griega. Por la arquitectura, a veces veneciana, en otras ocasiones francesa o inglesa. Esta isla cambió de manos con suma frecuencia. Posiblemente ahí resida la base de su belleza. Hablamos sobre todo de la capital, Corfú o Kerkyra, el resto de la isla quizás sea más convencional. Llama la atención la explotación turística pues sus playas no dan para tanta ebullición; sus carreteras tampoco. A efectos de fondos comunitarios, parece que los griegos hayan primado el continente antes que las islas. Con las nubes acechando, Corfú exige una gestión adecuada de los momentos. No desespere, habrá tiempo para el baño y para la visita turística. A la hora de cenar, siempre la capital, Kerkyra, que ofrece buen ambiente, tiendas, soportales, calles y plazas señoriales, fortalezas… Plazas de aparcamiento, escasas. Otros puntos de interés: el palacio Achilleion construido por deseo de Sisi emperatriz, el Monasterio Pantokrator, el suelo arenisco y los olivos y cipreses que llegan hasta la misma orilla; el Canal d’Amour y algún rincón marinero como Agios Stephanos. En síntesis, tiene Corfú el encanto de la historia, de los olivos y del mar. Es Grecia.

 

1 Comentario hasta el momento »

  1. A trenza » Viaje por la Grecia Clásica. El Peloponeso dijo

    18 de Xuño del 2017 a las 10:09 a.m.

    […] Y para finalizar, Meteora y Corfú: link al artículo […]

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