Dos polémicas

La polémica tras la donación de 320 millones de euros en equipos de detección del cáncer realizada por Amancio Ortega se está prolongando más de lo imaginado. En resumen, está muy bien que el Sr. Ortega done lo que desee, siempre que quiera y cuanto más mejor. Conociendo el volumen de sus posibles, cualquier minúscula decisión que adopte puede resultar vital para mucha gente. Si fuese consciente del nivel de responsabilidad que recae sobre sus hombros, no podría sostenerse en pie. El resumen se me antoja sencillo: más allá de cuestiones fiscales, que son otra historia, el problema es la finalidad de la donación. No solo se ha decantado por un sector que debería estar cubierto por la Administración Pública, sino que ha señalado la compra a realizar con ese chorreo de millones…

Mi valoración completa en el siguiente artículo: La donación de Amancio Ortega: ¿altruismo o puro marketing?

La segunda polémica se concentra en el sector financiero, demasiado tranquilo los últimos meses. Menos mal que ahí estaba el Banco Popular para espabilarlo del letargo en el que se había sumido tras superar su profunda crisis sistémica, tras sobrevivir a los dramas de las preferentes y tras dejar atrás lo peor de las cláusulas suelo. La caída del Banco Popular, y con ello posiblemente la liquidación también de la marca Pastor, ha sido producto de una sucesión tal de errores encadenados por parte de tan variados protagonistas que, al repasar la historia con cierta calma, uno llega a una conclusión nítida: el sistema por el cual la sociedad va seleccionando sus dirigentes no funciona.

Un razonamiento algo más elaborado en el siguiente artículo: Bankia, Novagalicia y Popular: tres graves equivocaciones con resultados diferentes.

 

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