Viaje por la Grecia clásica (Atenas 2)

 

Vínculo a la primera parte (Atenas 1)

Los restos que acapara Atenas como la más influyente capital de la Antigüedad no son lo único digno de admirar en la ciudad. Su latido se deja escuchar sobre todo en Monastiraki, plaza donde se juntan turistas y residentes, artistas callejeros y vendedores de géneros diversos. Para comer y cenar, la avenida Adrianou o el barrio típico de Placka. Adriano es el emperador romano con mejor prensa por allí. En esta zona, uno se va encontrando pequeñas iglesias bizantinas que recuerdan la integración de Grecia en el imperio romano oriental. Son oscuras, como cavernas decoradas, con santos y vírgenes por doquier que los fieles besan sucesivamente.

La plaza Syntagma nos recuerda la influencia del idioma y nos vienen a la cabeza, o buscamos, palabras como alergia, democracia, hegemonía, orgasmo, política, heterodoxo, estética, utopía o parábola. Sería un castigo penoso prohibirnos un día utilizar vocablos griegos. En la plaza Syntagma se entabla una lucha sin cuartel entre vehículos y personas que suele acabar en tablas salvo cuando hay manifestaciones; entonces los seres humanos vencen por k.o. Presidiendo encontramos el Parlamento griego, al cual no vendría mal una mano de pintura como diría Serrat. Los dos pobres soldados (¿?) allí colocados semejan pertenecer al gremio de los payasos y demás comediantes. Detrás, el Parque Nacional, frondoso y heterogéneo. Se cruza entero y entonces se llega al Templo de Zeus y al Arco de Adriano, ya referido en el post anterior.

El estadio Panathinaikon, también llamado Kallimarmaro (bello mármol), merece una atención especial. Fui reconstruido sobre el terreno donde se celebraron los Juegos Panathinaicos (de “todo Atenas”), antes de la era Cristiana, y en él se celebraron las primeras Olimpiadas de la modernidad, en 1896. Para asombro de los visitantes, el material utilizado ha sido mármol blanco lo que parece predisponer al recinto para los grandes logros que espera acoger. Uno no debe perderse la visita al modesto Museo Olímpico al cual se llega a través del corredor por el que accedían los contendientes al estadio. Para terminar el tour por la ciudad de Atenas, vale la pena darse una vuelta por Kolonaki, el barrio de la gente más pudiente que ofrece sugestivos cafés y restaurantes. Muy cerca, se toma un funicular para subir al monte Lycabettus, el punto más alto de la ciudad con permiso de la Acrópolis.

Los alrededores de Atenas atesoran lugares de distinto interés. A el Pireo se puede llegar en taxi (ojo a los atascos!), bus o metro. El problema es la dificultad para moverse una vez allí. El Pireo es hoy en día una ciudad moderna, atascada, polucionada, de un tamaño considerable, como corresponde a uno de los principales puertos del Mediterráneo. Tiene diques de mercancías, de yates y pesquero, cada cual con su ambiente por otra parte predecible. Del Pireo salen ferris para visitar tres islas de singular encanto, Poros, Egina e Hidra. Y ya para terminar, a unos 60 kilómetros de Atenas, se encuentra el cabo Sunion donde se erige el Templo de Poseidon. En visita guiada, uno aprende el significado de Egeo y conoce la razón por la cual se bautizó con este nombre al mar que baña aquellas costas.

Continuación por el Peloponeso

1 Comentario hasta el momento »

  1. A trenza » Viaje por la Grecia clásica (Atenas I) dijo

    12 de Xuño del 2017 a las 7:01 p.m.

    […] Link a segunda parte (Atenas 2)  […]

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