Archivos en el mes de Xuño del 2017

O Poder da Colaboración

Somos pequenos e habemos competir en mercados grandes. Somos febles e habemos sobrevivir nun mundo moi duro. Somos poucos e habemos destacar entre enormes aglomeraciones. Somentes nos queda un camiño, o da UNIÓN, o da suma de recursos e capacidades, de sinerxias e de complementariedades. Quédanos a saída da COLABORACIÓN, entre nós e mais con que sexa conveniente.

A Economía galega necesita un xiro a prol de cooperación entre as súas empresas. Velaquí o meu artigo completo publicado no suplemento de Ideas de Economía digital: O poder da Colaboración.

 

Viaje por Grecia. Meteora y Corfú

Link a Atenas (I y II)

Link a Peloponeso

Esperábamos unas carreteras griegas en peores condiciones. Ir de una región a otra no da pereza, sabes que encontrarás poco tráfico, un firme más que aceptable y un paisaje apaciguador. Destino Kalambaka, a veces cambian la b por una p y entonces leemos Kalampaka; tendríamos que haber preguntado el porqué cada lugar puede adoptar distintas versiones de su nombre. Estamos en el área de Meteora. Las guías suelen exagerar, la mayoría de páginas prometen emociones fuertes. La nuestra dice “Meteora es uno de los lugares más extraordinarios del mundo”. Pues bien, no exagera ni una pizca. Significa “rocas en el aire” y tal cual. La región se ha configurado por multitud de enormes moles de piedra arenisca aparentemente inexpugnables; pero no. A partir del siglo XIII, fueron llegando primero eremitas, después monjes, dispuestos a vivir cerca de Dios. En un principio habilitaron cuevas que poco a poco fueron convirtiendo en moradas a través de, se supone, un esforzado trabajo. Había que escalar aquellas rocas a mano. A alguno se le ocurrió llevar una cuerda, que sirvió para alzar cuerdas más gruesas y, por tanto, más resistentes. Al cabo de un tiempo, disponían de poleas capaces de trasladar incluso seres humanos, a condición de que éstos no sufriesen vértigos ni aprensiones. Finalmente, llegaron a construir veinticuatro monasterios, hoy aún casi la mitad en pie; media docena habitados y visitables. Todos merecen parada, subida y recorrido porque todos ofrecen particularidades dignas de conocer. Por algo es Meteora uno de los lugares más extraordinarios del mundo.

Virando hacia el oeste unos 170 kilómetros, alcanzamos el pueblo costero de Igoumenitsa donde tomaremos el ferry a Corfú. Los hay cada media hora. El trayecto lleva alrededor de noventa minutos y la llegada impresiona por dos factores. El meteorológico deja a uno sumido en la confusión: a la derecha, las nubes más oscuras, densas y abusonas que hayas visto; a la izquierda, cielo despejado (y tú rezando para que el hotel quede a la izquierda). El segundo factor es puramente estético; la fachada de Corfú que se muestra es ocre y armónica y en ella destacan dos fortalezas que inspiran confianza. Nos acercamos al puerto y empezamos a sentir el agua de la lluvia sobre nuestras cabezas, algo que no esperábamos.

Por el mapa Corfú, en pleno Jónico, semeja albana antes que griega. Por la arquitectura, a veces veneciana, en otras ocasiones francesa o inglesa. Esta isla cambió de manos con suma frecuencia. Posiblemente ahí resida la base de su belleza. Hablamos sobre todo de la capital, Corfú o Kerkyra, el resto de la isla quizás sea más convencional. Llama la atención la explotación turística pues sus playas no dan para tanta ebullición; sus carreteras tampoco. A efectos de fondos comunitarios, parece que los griegos hayan primado el continente antes que las islas. Con las nubes acechando, Corfú exige una gestión adecuada de los momentos. No desespere, habrá tiempo para el baño y para la visita turística. A la hora de cenar, siempre la capital, Kerkyra, que ofrece buen ambiente, tiendas, soportales, calles y plazas señoriales, fortalezas… Plazas de aparcamiento, escasas. Otros puntos de interés: el palacio Achilleion construido por deseo de Sisi emperatriz, el Monasterio Pantokrator, el suelo arenisco y los olivos y cipreses que llegan hasta la misma orilla; el Canal d’Amour y algún rincón marinero como Agios Stephanos. En síntesis, tiene Corfú el encanto de la historia, de los olivos y del mar. Es Grecia.

 

Viaje por la Grecia Clásica. El Peloponeso

Continuamos viaje por la Grecia clásica y tomamos hacia el Peloponeso. Hemos de cruzar sobre el Canal de Corinto. Poniéndonos estupendos, diríamos que esa especie de grieta convierte la península en una isla. El canal impresiona, 6 kilómetros de vertiginosa angostura, sobre todo cuando aprendes que fue construido en el siglo XIX. Tiramos carretera hasta Micenas, cuna de una civilización que se comparó con el Egipto de los faraones por su nivel de desarrollo e influencia. Sus manufacturas llegaban a cualquier rincón del Mediterráneo, y a la actual Gran Bretaña, a Escandinavia, a lo que hoy conocemos como Afganistán. Un fuego terminó con todo. Igual que después los griegos, adoraban a los doce dioses de la Antigüedad. Hablamos del 1.500 a.C., esos siglos. Su rey más popular fue Agamenón aunque quizás solo haya reinado en la imaginación de Homero. Las ruinas emocionan por su historia, el tesoro de Atreo o la Puerta de los Leones. Me pregunto de dónde habrían sacado los modelos. También qué técnica habrían utilizado para levantar aquellos muros inmensos.

Alcanzamos Nauplia, Náfplio en griego moderno. Preciosa ciudad de origen veneciano antigua capital del país. Cuesta creerlo transitando por sus bulliciosas y estrechas calles. El casco antiguo se recorre varias veces al día, circules por donde circules, siempre terminas en los mismos sitios. Sus principales referencias son las buganvilias. Y la fortaleza Palamidi en lo alto, casi 1000 escalones la elevan sobre el nivel del mar. Otros bastiones, entre ellos la fortaleza Bourtzi en el medio de las aguas, reflejan su pasado interés estratégico.

Epidauro es una visita obligada desde Nauplia. Teatro construido en el siglo IV a.C., presenta unas cualidades acústicas impresionantes. Basta con colocarse en el punto medio del escenario y recitar o cantar cualquier estrofa. El sonido te envuelve al instante. Epidauro fue en su día “centro del arte de la Medicina y la curación” aunque de tal título no obtuvimos más prueba que unos cuantos útiles quirúrgicos. Si queda tiempo, se puede retornar a Nauplia dando una vuelta para pasar por Porto Jeli, región de moda para sorpresa de los lugareños. Un taxi boat traslada a los turistas avezados hasta la isla de Spetses, escogida por alguna destacable celebrity de raíces monárquicas.

Apuntamos al norte, carretera de montaña hasta Olimpia. Aquí nacieron los Juegos. Cuando se habla de los Juegos, nadie imagina el parchis o las damas, ni siquiera el escondite o el chorizo envenenado. Todos pensamos en deporte, constancia, superación, valores. Pensamos en Olimpia. Aquí se celebraron durante más de 1000 años, desde el 776 a.C. hasta el 380 d.C. cuando los prohibió el emperador romano Teodosio tras abrazar el cristianismo. Al parecer, a Dios no le gustaba el deporte. La “villa olímpica” albergaba, además de un estadio para 45.000 espectadores, un gimnasio, una palestra (a disposición también de oradores), alojamientos, baños turcos y templos dedicados a Zeus y Hera. Se deben visitar los dos museos, complementarios, que aportan una idea tangible y poderosa de lo que aquellos eventos significaban. Por cierto, competían solo hombres libres y debían hacerlo desnudos. Pues eso…

Delfos queda a unos 240 de Archea Olimpia y ya fuera del Peloponeso. Para cruzar “al otro lado”, debemos transitar el impresionante puente que une las localidades de Río y Antirio construido sobre el golfo de Corinto. Nuevo camino de montaña y olivos. Grecia es el principal país por consumo per cápita de aceite de oliva del mundo. Durante kilómetros tenemos la impresión de que no conocen otra especie arbórea o de que temen algún tipo de contagio de su árbol venerado. Llegamos a Delfos, o Delphi, y nuestra impresión queda confirmada. Ante nosotros se extiende la mayor extensión de olivos jamás imaginas. La villa no vale gran cosa pero a medio kilómetro se yergue el Monte Parnasso y las ruinas de la ciudad griega que albergaba el famoso Oráculo. Es un paseo para no girarse. Aprecia los monumentos, los templos, el teatro, el estadio… Gírate únicamente después de llegar a la cima. Entonces entenderás por qué los griegos lo consideraron lugar sagrado.

Y para finalizar, Meteora y Corfú: link al artículo

Link a posts sobre Atenas

Dos polémicas

La polémica tras la donación de 320 millones de euros en equipos de detección del cáncer realizada por Amancio Ortega se está prolongando más de lo imaginado. En resumen, está muy bien que el Sr. Ortega done lo que desee, siempre que quiera y cuanto más mejor. Conociendo el volumen de sus posibles, cualquier minúscula decisión que adopte puede resultar vital para mucha gente. Si fuese consciente del nivel de responsabilidad que recae sobre sus hombros, no podría sostenerse en pie. El resumen se me antoja sencillo: más allá de cuestiones fiscales, que son otra historia, el problema es la finalidad de la donación. No solo se ha decantado por un sector que debería estar cubierto por la Administración Pública, sino que ha señalado la compra a realizar con ese chorreo de millones…

Mi valoración completa en el siguiente artículo: La donación de Amancio Ortega: ¿altruismo o puro marketing?

La segunda polémica se concentra en el sector financiero, demasiado tranquilo los últimos meses. Menos mal que ahí estaba el Banco Popular para espabilarlo del letargo en el que se había sumido tras superar su profunda crisis sistémica, tras sobrevivir a los dramas de las preferentes y tras dejar atrás lo peor de las cláusulas suelo. La caída del Banco Popular, y con ello posiblemente la liquidación también de la marca Pastor, ha sido producto de una sucesión tal de errores encadenados por parte de tan variados protagonistas que, al repasar la historia con cierta calma, uno llega a una conclusión nítida: el sistema por el cual la sociedad va seleccionando sus dirigentes no funciona.

Un razonamiento algo más elaborado en el siguiente artículo: Bankia, Novagalicia y Popular: tres graves equivocaciones con resultados diferentes.

 

Viaje por la Grecia clásica (Atenas 2)

 

Vínculo a la primera parte (Atenas 1)

Los restos que acapara Atenas como la más influyente capital de la Antigüedad no son lo único digno de admirar en la ciudad. Su latido se deja escuchar sobre todo en Monastiraki, plaza donde se juntan turistas y residentes, artistas callejeros y vendedores de géneros diversos. Para comer y cenar, la avenida Adrianou o el barrio típico de Placka. Adriano es el emperador romano con mejor prensa por allí. En esta zona, uno se va encontrando pequeñas iglesias bizantinas que recuerdan la integración de Grecia en el imperio romano oriental. Son oscuras, como cavernas decoradas, con santos y vírgenes por doquier que los fieles besan sucesivamente.

La plaza Syntagma nos recuerda la influencia del idioma y nos vienen a la cabeza, o buscamos, palabras como alergia, democracia, hegemonía, orgasmo, política, heterodoxo, estética, utopía o parábola. Sería un castigo penoso prohibirnos un día utilizar vocablos griegos. En la plaza Syntagma se entabla una lucha sin cuartel entre vehículos y personas que suele acabar en tablas salvo cuando hay manifestaciones; entonces los seres humanos vencen por k.o. Presidiendo encontramos el Parlamento griego, al cual no vendría mal una mano de pintura como diría Serrat. Los dos pobres soldados (¿?) allí colocados semejan pertenecer al gremio de los payasos y demás comediantes. Detrás, el Parque Nacional, frondoso y heterogéneo. Se cruza entero y entonces se llega al Templo de Zeus y al Arco de Adriano, ya referido en el post anterior.

El estadio Panathinaikon, también llamado Kallimarmaro (bello mármol), merece una atención especial. Fui reconstruido sobre el terreno donde se celebraron los Juegos Panathinaicos (de “todo Atenas”), antes de la era Cristiana, y en él se celebraron las primeras Olimpiadas de la modernidad, en 1896. Para asombro de los visitantes, el material utilizado ha sido mármol blanco lo que parece predisponer al recinto para los grandes logros que espera acoger. Uno no debe perderse la visita al modesto Museo Olímpico al cual se llega a través del corredor por el que accedían los contendientes al estadio. Para terminar el tour por la ciudad de Atenas, vale la pena darse una vuelta por Kolonaki, el barrio de la gente más pudiente que ofrece sugestivos cafés y restaurantes. Muy cerca, se toma un funicular para subir al monte Lycabettus, el punto más alto de la ciudad con permiso de la Acrópolis.

Los alrededores de Atenas atesoran lugares de distinto interés. A el Pireo se puede llegar en taxi (ojo a los atascos!), bus o metro. El problema es la dificultad para moverse una vez allí. El Pireo es hoy en día una ciudad moderna, atascada, polucionada, de un tamaño considerable, como corresponde a uno de los principales puertos del Mediterráneo. Tiene diques de mercancías, de yates y pesquero, cada cual con su ambiente por otra parte predecible. Del Pireo salen ferris para visitar tres islas de singular encanto, Poros, Egina e Hidra. Y ya para terminar, a unos 60 kilómetros de Atenas, se encuentra el cabo Sunion donde se erige el Templo de Poseidon. En visita guiada, uno aprende el significado de Egeo y conoce la razón por la cual se bautizó con este nombre al mar que baña aquellas costas.

Continuación por el Peloponeso

Viaje por la Grecia clásica (Atenas I)

Visitamos Grecia con el respeto que debemos a nuestros mayores y con la esperanza de descubrir por aquellas antiguas tierras alguna clave de nuestro presente. Porque a nuestro presente no hay dios que lo entienda. Los griegos actuales no lo ponen fácil, todo hay que decirlo. Tal depósito de claves en su territorio debería sugerirles invertir algo más en señalización. Aun así aprendimos lecciones importantes; por ejemplo, que la colaboración entre rivales salvó la civilización occidental. Era el siglo V antes de Cristo y el poderoso imperio persa se disponía a invadir Atenas. Existía una cultura griega pero no una organización común. Estaban las polis, ciudades estado, cada una a lo suyo y a la gresca entre ellas. Atenas pronto descubrió que la única manera de derrotar a un ejército cien veces superior sería aliarse con otras fuerzas que pudieran tener intereses comunes. La primera, con Esparta. Tras las míticas batallas de Maratón, Salamina y las Termópilas, Atenas  y sus aliados vencieron a los persas y de paso salvaron nuestro presente. Tres hurras por Pericles y los suyos!

Aprendimos también que el cristianismo estuvo a punto de acabar con todo. Tal vez sea leyenda, quién puede identificar la verdad que subyace de los viejos relatos: se cuenta que San Pablo llegó a Atenas para introducir la religión cristiana, se subió al monte Filopappou e intentó convencer a los atenienses. Aquello era el siglo I lógicamente, Grecia ya había pasado por sus mejores momentos y Roma dominaba el cotarro. El politeísmo, bien aderezado de mitología, representaba un divertido y prolijo contubernio de fábulas hoy difíciles de asumir. Aunque, en fin, lo de la Santísima Trinidad, el Ángel de la Guarda, las resurrecciones milagrosas, el verbo hecho carne y las admoniciones de la Virgen María, Inmaculada Concepción, por ejemplo, como que tampoco suena a verdad irrefutable. San Pablo sembró aquella semilla que, al parecer, terminó de germinar unos cuatrocientos años después. El Cristianismo se adoptó como creencia triunfante y a partir de entonces el Universo al completo se explicó a partir de la existencia de un solo Dios Todopoderoso. Al carajo con la ciencias, el arte, la filosofía, por supuesto la mitología, y hasta con las Olimpiadas. Aquello que no procediese directamente de Dios no merecía un lugar entre los hombres, sus hijos devotos. Hasta que llegó el Renacimiento y las ideas de aquella Grecia se recuperaron en parte, y el Hombre volvió a ocupar un espacio propio y así se fueron sucediendo los siglos hasta el día de hoy en que todavía andamos dando vueltas a las sospechosas relaciones entre lo humano y lo divino.

En Atenas hay que visitar la Acrópolis, evidentemente, y su Partenón en el medio. Entre las hordas, el calor y los escalones, la cosa tiene mérito. Significa “parte alta de la ciudad”, de akro –cima– y polis –ciudad–. El Partenón es el Templo erigido en honor de la diosa Atenea que, al fin y al cabo, fue quien dio nombre a la capital. También está el Templo del Erecteon donde se encuentran las Cariátides, o sea, unas copias fidedignas. Las genuinas descansan en el Museo de la Acrópolis que está como a un kilómetro de distancia y cuya visita no se puede perder. Otro Museo que de ninguna forma se debe obviar, sería un horrible crimen turístico, es el Arqueológico, que ofrece un recorrido asombroso por 2000 años de una rica Historia que comienza por las civilizaciones cicládicas y micénicas, precedentes de la griega (más la minoica procedente de Creta). La exposición avanza a paso lento mostrando piezas de un mérito incalculable. Me quedo con los figurines cicládicos y con la maravillosa escultura de bronce de caballo y joven jinete datada en el siglo II a.C.

Hay que recorrer también el Ágora, antigua plaza del Mercado en donde se cocía todo lo importante. Hay además un Ágora romana con la bellísima Torre de los Vientos que muestra un friso con los ocho dioses, uno por orientación. Está el primer teatro jamás construido, dedicado a Dionisos, y una Biblioteca también Iglesia, y el Templo de Zeus, y el arco de Adriano y mil y una ruinas más que consiguen trasladarte a aquella otra Grecia gloriosa.

En Atenas aprendimos algo sobre la Historia más reciente de este país que no deja de resultar paradójico. Los turcos otomanos dominaron Grecia desde el siglo XV aunque los helenos mantuvieron durante más de 300 años encendida la llama de su identidad nacional. En 1820 se dieron las condiciones propicias para una revuelta, se sucedieron unos años realmente turbulentos hasta que en 1830 el país alcanzó la independencia. Y entonces fue cómo la nación que alumbrara el concepto de República, se convierte en una monarquía por decisión de… potencias extranjeras. Su primer rey es Otón de Wittelsbach, príncipe de Baviera, de 17 años, que gobierna por medio de un Consejo formado por funcionarios bávaros. Depuesto en 1862, Inglaterra consiguió que Jorge I, hijo del monarca de Dinamarca y cuñado del príncipe de Gales, accediese al trono. A este hombre lo asesinaron en 1913 sucediéndole su primogénito Constantino, quien hubo de salir corriendo del país en 1922 tras dos abdicaciones y una sangrante derrota contra los turcos.  En 1924 se proclama la República que dura bien poco: en 1935, se restituye la monarquía a través de un golpe de Estado militar; el nuevo rey Jorge II asume la dictadura y el general fascista Metaxas se convierte en el hombre fuerte del país, hasta que en 1941 el dictador la palma, los nazis invaden el país y el monarca se exilia en Egipto. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Grecia se sume en un período de continua inestabilidad, Guerra Civil incluida, cuyo rebufo ha llegado hasta nuestros días.

Y aquí concluye la primera parte de esta crónica inesperadamente larga que aún verá posteriores prolongaciones…

Link a segunda parte (Atenas 2)