Coleccionismo y educación

Versión en galego

Durante años mantuve e hice crecer una colección de monedas. Bien archivadas en cuatros álbumes similares por fuera a los de fotografías, convivían piezas antiguas y nuevas, españolas y extranjeras, de cierto valor o sin valor alguno. Hasta que un día reconocí que seguir acumulando monedas carecía de sentido. Poco a poco fue disminuyendo la emoción que implicaba recibir o comprar una pieza, observarla tal que diamante durante un par de minutos y guardarla en aquellas fundas transparentes por ambas caras. Coincidió con el tiempo en el que dejé de jugar al monopoly, al parchís o al tres en raya; con el tiempo en el que dejé de jugar. Y fui consciente de que coleccionar aquellos cientos de monedas no había pasado de ser una especie de juego.

El Museo del Prado inauguró el pasado 4 de Abril la exposición “Tesoros de la Hispanic Society of America”, una muestra de la colección de arte español más importante fuera de España. La Hispanic Society of America está formada por las piezas que de una manera planificada reunió el hispanista Archer Milton Huntington durante la primera mitad del siglo XX. La colección completa ocupa el edificio que este hombre construyó para la ocasión en Nueva York, el cual fue inaugurado en 1908. En 50 años, Huntington reunió 18.000 obras de arte y 250.000 manuscritos. Más allá de la desmesura del proyecto, su obra merece el calificativo de extraordinaria por su intención última: reivindicar la Historia, los valores y tradiciones españolas en el país que acababa de convertirse en la primera potencia mundial.

La exposición del Prado me pareció maravillosa. Creo que ilustra con precisión la misión existencial que el rico filántropo se impuso. Incluye en particular varias series insólitas: una, con los retratos de los intelectuales españoles más valorados por Huntington, la mayoría pintados por Sorolla; otra, con óleos de escenas típicas extraídas de distintos lugares de la Península; una tercera, que incluye cuadros de los más insignes pintores españoles, y por último, aunque en realidad se trata de la más completa y significativa, la serie de piezas ordenadas cronológicamente dispuestas con el objetivo de documentar un relato de la Historia y Cultura de España.

A cierta distancia del Paseo del Prado, en el extremo alto de la calle Serrano, encontramos el Museo Lázaro Galdiano. Lázaro Galdiano consiguió fortuna mediante su ocupación como banquero y marchante de arte, así como principalmente por matrimonio. Dedicó buena parte de su vida a la loable función de educar e ilustrar a la sociedad de su tiempo, lo que tal hizo a través de una desinteresada labor editorial, científica y ensayística, y de su monumental y variada colección de arte. Lázaro se fue moviendo en función de las tragedias que acontecían a su alrededor y así llegó a constituir, en realidad, tres colecciones: una en Madrid hasta 1936, la segunda en París entre el 36 y el 39, y la última en Nueva York hasta 1944. En el Museo se reúnen las tres colecciones con lo cual se configura una exposición que llega a sobrecoger por su riqueza y profusión, con algunas piezas de un valor extraordinario como, por ejemplo, los distintos óleos de Goya. En total son cerca de 13.000 piezas que se distribuyen entre pintura, escultura, cerámica, joyería, armería, mueblería, numismática, marfiles, etc. El visitante corre el riesgo de emborrachar sus neuronas con tal exhibición de belleza, ingenio y rigor coleccionista.

Archer Milton Huntington y José Lázaro Galdiano coinciden en su propósito educador. El Marqués de Cerralbo semeja haber seguido una intención antes de ostentación que ilustradora. También apasionado coleccionista, este político y arqueólogo juntó un magnífico conjunto de antigüedades y obras de arte que dejó convenientemente dispuesto en el palacete en el que residió en el centro de Madrid, cerca de la Plaza de Oriente. El visitante recibe, desde la misma entrada, el impacto mixto de circular por una vivienda intacta del siglo XIX al tiempo que puede admirar valiosas obras de pintura, escultura, fotografía, medallas, relojes (curiosa colección de relojes misteriosos), y todo tipo de pieza, siempre meritoria, que pudiera engalanar una residencia aristocrática de aquellos tiempos.

Los tres ejemplos traídos a este post coinciden no solo en el frenético deseo por la acumulación de piezas hermosas de arte sino por la compartida intención de sus promotores de transmitir conocimiento a través de su afán coleccionista.

1 Comentario

  1. A trenza » Coleccionismo e educación dijo

    27 de Abril del 2017 a las 6:07 p.m.

    […] Versión en castellano […]

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