Cosas de reyes

Supe hace algunos años que Juan Carlos I solicitara a uno de sus secretarios que se informase sobre el papel higiénico que utilizaban en la embajada española en Luxemburgo. El monarca se había quedado seducido por la textura de aquel artículo que le sirviera para limpiar su aristocrático trasero. Y es que los reyes, igual que los papas, terminan sucumbiendo, con el resto de humanos, en las inmundicias de nuestra humilde condición.

El ahora rey emérito no perdía ocasión de hacer valer su privilegiada situación. Lo aprendió en la cuna y lo aplicará hasta la tumba. En nuestra reciente visita al Monasterio de El Escorial, descubrimos que Juan Carlos había dispuesto, previa aceptación por parte del gobierno español, que sus padres, Juan y Mercedes, ocupasen los últimos sepulcros del Panteón de los Reyes. ¿Que nunca ejercieron de tales? Tampoco importa demasiado, la historia de la monarquía española es pródiga en detalles caprichosos y de similar naturaleza. Por cierto, el cuerpo de Juan de Borbón se encuentra en estos momentos depositado en el llamado “pudridero”, destino provisional de reyes e infantes antes de que sus huesos ya pelados pasen a ocupar su definitiva morada.

Diríase, sin querer despreciar otras versiones históricas, que Carlos I de España y V de Alemania se constituye en el primer rey de España reconocido como tal. Inauguró una especie de “monarquía federal” que concedía diversa autonomía a la Corona de Aragón y al Reino de Navarra. Nieto de los Reyes Católicos, se casó con otra nieta de Isabel y Fernando, su prima Isabel de Portugal, con quien tuvo seis hijos. El hombre, demostrando su carácter de emperador, engendró al menos otros cinco vástagos fuera del matrimonio; el último, Juan de Austria, afamado conquistador en ambos sentidos de la palabra.

¿Qué destacar de Felipe II? Cuatro esposas (tres de ellas primas) tuvo este dechado de virtudes, algunas de las cuales se transforman en vicios odiosos en función del historiador que se consulte. Aquí va un detalle artístico: rechazó a El Greco por no seguir al pie de la letra sus instrucciones y abrazó a El Bosco por demostrar como nadie las fatídicas consecuencias del pecado. Eran los tiempos del Renacimiento (1527-1598) pero nuestro vanagloriado rey seguía pensando en las obras de arte como recursos para provocar el rezo del pueblo. Ya se sabe que en los territorios de Felipe II “no se ponía el sol”: en Europa, Cerdeña, Sicilia, Nápoles, Milán, Países Bajos… en Asia, Filipinas y parte de Nueva Guinea… en América, Florida, todo Centroamérica y buena parte de Sudamérica.

Felipe II concentraba todo el poder en su persona y nada de relevancia se podía decidir a sus espaldas. Su descendiente, Felipe III, adoptó un estilo opuesto al de su padre. Fue aficionado a la pintura, el teatro, a la caza y al juego. Dado que estos quehaceres no le permitían dedicar el tiempo necesario a la tarea de gobernar, delegó sus competencias en el duque de Lerma, inaugurando así la época de los validos en España. Se casó con su prima segunda Margarita de Austria y, a pesar de contentarse con un solo matrimonio, cumplió con la media de los Austrias: ocho hijos.

Felipe IV gobernó 44 años y aunque empezó bien de la mano del Conde Duque de Olivares, progresó regulín regular, y terminó como el rosario de la aurora por la sucesión de conflictos bélicos en los que se vio inmerso, tanto externos como internos. En el plano personal, dos matrimonios, el segundo con su sobrina Mariana de Austria, y 12 hijos legítimos, además de 30 hijos extramatrimoniales que se le atribuyen a este prolífico monarca. Quizás lo peor de su movida trayectoria haya sido dejar en el trono a un heredero como Carlos II.

Carlos II fue el resultado esperable de la sucesión de matrimonios interfamiliares que acontecieron entre los Austrias. La endogamia es lo que tiene. Le llamaban “el Hechizado” al atribuir a la brujería su penoso aspecto físico. En contra de la leyenda (o de la Historia), repasando su curriculum, no debió de ser un mal rey. El problema: a pesar de casarse dos veces, no tuvo descendencia. Su primera esposa falleció por causas desconocidas; las malas lenguas apuntaron que la principal pudo haber sido no producir el heredero que la Corona precisaba. El caso es que la segunda tampoco lo consiguió y de esta forma la dinastía de los Austrias quedó finiquitada en España.

El trono vacante se jugó en un tablero de ajedrez con múltiples peones, alfiles, torres, caballos, reyes y reinas. El resultado de tan enmarañada partida fue la llegada a España de Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, para convertirse en Felipe V.  La actitud imperialista del Rey Sol, que trataba a su nieto como un mero delegado regio, y la práctica incautación del otrora comercio entre España y las Américas, provocó la reacción de las potencias europeas perjudicadas que crean la llamada Gran Alianza antiborbónica. El conflicto, es decir, la Guerra de Sucesión, se extiende al interior de España, entre el Reino de Aragón partidario del archiduque Carlos de Austria (quien les ha prometido mantener el carácter más o menos federal de la monarquía) y el Reino de Castilla, que apoya al centralista y jacobino Felipe V, de quien se espera un modelo “a la francesa”. Pues bien, ganan los partidarios del Borbón, se impone el llamado Decreto de Nueva Planta que liquida la Corona de Aragón (incluyendo el Principado de Cataluña) y extiende las leyes castellanas a todo el territorio español con excepción del País Vasco y Navarra que, fieles a la causa borbónica, mantienen parte de sus derechos. En el fregado, España pierde los territorios que dominaba por Europa adelante (y cede a Inglaterra Menorca y Gibraltar!)

Felipe V reinó entre 1700 y 1746 con un breve lapso en 1724. Le aflige una pertinaz depresión que le intentan curar a través del canto del castrato Farinelli (la ópera como antidepresivo). Se casa con su prima María Luisa Gabriela de Saboya con quien tiene cuatro hijos. A la muerte de ésta, contrae matrimonio con la italiana Isabel de Farnesio, que será crucial en su reinado. Por motivo de la depresión, Felipe V abdica en su hijo de 17 años Luis I, hijo de María Luisa y casado con la joven de 15 años Luisa Isabel (se habían casado con 15 y 12 años respectivamente). Los 8 meses del reinado de Luis son una calamidad, en parte debido al desorden emocional de su esposa cuyo comportamiento raya en lo tragicómico. Muere Luis de viruela y Felipe V recupera el trono a pesar del sospechoso estado de su mente. Quien reinó durante los siguientes 22 años fue, en realidad, su esposa Isabel.

El tormentoso estreno de la dinastía borbónica presenta una continuidad algo más sosegada con Fernando VI y Carlos III. Carlos IV y su hijo Fernando VII vuelven a protagonizar sendos reinados turbulentos y más bien lamentables. Estalla la Revolución francesa, Napoléon arrasa en Europa y en España, este par de Borbones van improvisando en función de las circunstancias. Al final de su caótico reinado, Fernando VII, sin hijos varones, deroga la llamada Ley Sálica para que su hija Isabel pueda ascender al trono. El hermano de Fernando, Carlos, se siente legitimado por la tradición y se levanta en armas. Es la primera guerra carlista, entre los partidarios de Isabel (en regencia de su madre Cristina) y los seguidores de Carlos.

Isabel II no debió de ser muy dichosa. Recluida en los distintos palacios reales desde niña, se casó el día que cumplía 16 años tras un casting complicado de candidatos propuestos por los diferentes grupos de interés. Fue elegido un primo suyo por partida doble, Francisco de Asís de Borbón, duque de Cádiz, personaje sobre todo pusilánime carente de talento y ambición; al parecer, también homosexual, a pesar de lo cual engendraron 12 hijos. El reinado de Isabel, entre 1833 y 1868, puede calificarse de extremadamente negativo. En 34 años, tienen lugar 22 elecciones generales y la corrupción campa en un nivel que recuerda bastante al actual.

El reinado de Isabel II termina por la Revolución de 1868, denominada La Gloriosa, que da inicio al Sexenio Democrático: durante tres años, gobierna un ejecutivo provisional formado por los partidos que depusieron a Isabel, y durante los otros tres años, reina Amadeo I de Saboya, italiano, masón y primer soberano elegido en España por un Parlamento. Vistos los enemigos que le acechan, Amadeo dura bastante, tres años en concreto. A seguir, la Primera República Española (formalmente, República Democrática Federal) dura aún menos, dos años. Tras múltiples dimes y diretes, la clase política auspicia el regreso a España de Alfonso XII, hijo de Isabel II (no se puede afirmar que de Francisco de Asís también), con lo cual se restaura la monarquía borbónica, que habrá de ser liberal y sometida a los designios del pueblo español. Alfonso XII es persona formada en distintos colegios europeos y demuestra un talante comprensivo y una personalidad a prueba de malos gobernantes. Fatalmente, muere de tuberculosis antes de cumplir los 28 años. Unos meses después, nace su hijo Alfonso XIII, rey desde el momento en que le cortan el cordón umbilical. Su madre María Cristina ejerció la regencia hasta que el monarca cumplió los 16 años.

Ya sabemos cómo se desenvolvió el reinado de Alfonso XIII, un hombre con las ideas tan claras que incluso apoyó el golpe de Estado del general Primo de Rivera. Con él España perdió sus últimas colonias y también la escasa credibilidad de la podía gozar en el mundo. Este monarca celebró una de las bodas más explosivas de la historia: cuando regresaba al Palacio Real con su ya esposa Victoria Eugenia, el anarquista Mateo Morral les lanzó un ramo de flores bomba, que no llegó a causarles heridas de relevancia. Además de al menos cinco hijos fuera del matrimonio, el rey engendró siete vástagos oficiales. Entre la hemofilia, la sordera, las renuncias voluntarias y el género (femenino), Juan, sexto de la serie, accedió a los derechos dinásticos. Pero como no era muy amigo de Franco, pues hubo de renunciar a los mismos en beneficio de su hijo Juan Carlos, cuya historia como soberano, inversor, promotor, esposo, padre, hermano, abuelo, cazador y playboy se puede consultar en los jornales españoles de la actualidad, en los archivos del telediario y en las revistas del corazón. Entre Alfonso y Juan Carlos, la fallida Segunda República, el golpe de Estado, la guerra civil y la dictadura militar. Un pronóstico: durante el reinado de Felipe VI, se celebrará el referéndum necesario para elegir monarquía o república; el pueblo español, finalmente, decidirá.

 

 

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